Opinión

Maneras de vivir, maneras de trabajar

Juan Rubio|Madrid|15 de Marzo de 2017, 17:00

Cuando Ciudadanos aterrizó en la Asamblea de Madrid una de las primeras cosas que nos llamó la atención fue la falta de estudios de demanda asociados a los grandes proyectos de inversión.

Siempre me ha gustado ese pequeño relato titulado “¿Quién se ha comido mi queso?” porque en pocas páginas es capaz de ponernos en situación de dos maneras radicalmente diferentes de afrontar un nuevo problema. Me gusta porque enfrenta conceptos como la pasividad frente a la proactividad y los resultados tan diferentes a los que podemos llegar.

Cuando Ciudadanos aterrizó en la Asamblea de Madrid una de las primeras cosas que nos llamó la atención fue la falta de estudios de demanda asociados a los grandes proyectos de inversión. La demanda prevista parecía más un trabajo de ingeniería inversa que un análisis de mercado, es decir, la sensación que teníamos era que los números se habían “construido” en función de la necesidad de justificar el proyecto y no de la realidad.

Los resultados de tamaño despropósito son por todos conocidos y se resume en diferentes “supuestas inversiones” que carecen de la funcionalidad para la que fueron concebidos y que, año tras año, lastran la economía de nuestra Comunidad e impide realizar nuevas y necesarias inversiones.

Entre estas supuestas inversiones que, en su momento, nos vendieron como joyas de la corona propias de esas mentes privilegiadas para la gestión de lo público se encuentra el Metro Ligero.

El Metro Ligero no es tal, seamos sinceros, es un tranvía que, sorprendentemente, alguien decidió utilizar para un transporte interurbano. Aquí empieza nuestra cara de perplejidad pero era solo el principio puesto que si, por ejemplo hablamos del Metro Ligero Oeste (ML3), no hemos podido adivinar o intuir a quien se le ocurrió que el destino habitual de los vecinos de Boadilla del Monte era Colonia Jardín y no Moncloa. Lo que sí sabemos es que, evidentemente, no conocía ni Boadilla ni a sus vecinos.

En definitiva nos encontramos con el enunciado del problema y que se resume en un sistema de transporte no adecuado para el servicio para el que se desarrolla y, en consecuencia, es lento, poco atractivo para los viajeros y con una infraestructura cara de construir y de mantener.

No son meras palabras, vayamos a la frialdad de los números. En la Comunidad de Madrid nuestro sistema de transporte público está financiado para que los usuarios no tengan que abonar la totalidad del coste y sea más atractivo y asequible su uso. Como término medio esta financiación pública se sitúa en el 50% del coste que se incrementa, en el caso del Metro Ligero, hasta un escandaloso 95,46% debido a su bajísimo nivel de ocupación.

Cuando planteamos esta situación al gobierno del PP nos sorprendió su respuesta, que se resume en ¨tenemos un contrato y debemos respetarlo, lo único que podemos hacer es alargar el periodo de amortización”. Bien, nadie pone en duda este principio básico de la seguridad jurídica como, espero, nadie pone en duda que antes de lanzar tamaña afirmación se deberían analizar las alternativas empezando por una de ¨libro¨, siempre es posible iniciar una negociación que ponga sobre la mesa una alternativa razonable y no penalice al proveedor del servicio.

Desde Cs hemos planteado un modelo de solución, una propuesta de trabajo para iniciar una negociación que sin penalizar al proveedor ofrezca ventajas a los madrileños.

La base también es de libro, si no puedo reducir los gastos es evidente que debo incrementar mis ingresos, ¿Cómo?, incrementando la demanda y, sorprendentemente, sin coste para los madrileños.

¿Qué hemos propuesto? A modo de resumen puedo decir que seguimos usando la plataforma del tranvía, vamos, donde están las vías, hemos propuesto alternar el destino actual con el más demandado por los vecinos y que es Moncloa. Además, incrementamos sustancialmente la velocidad media por lo que se tardaría lo mismo en llegar a Moncloa que lo que se tarda hoy en día en llegar a Colonia Jardín.

Y no, no somos magos, somos profesionales que saben que las vías del tranvía no se pueden mover y por eso proponemos la enajenación de los tranvías y sustituirlos por autobuses eléctricos que, sorprendentemente para los conservadores, pueden usar tanto la plataforma de la vía como las carreteras.

En definitiva, dos maneras de vivir y dos maneras de trabajar ¿o solo una de las maneras de trabajar es de verdad trabajar?
 

Juan Rubio es diputado de Ciudadanos C's en la Asamblea de Madrid

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