Opinión

Un paso al frente contra la corrupción

Francisco Becerra|Madrid|27 de Abril de 2017, 17:00

La corrupción es algo que, desgraciadamente, lleva acompañando al ser humano desde el inicio de sus tiempos. 

La corrupción es algo que, desgraciadamente, lleva acompañando al ser humano desde el inicio de sus tiempos. Es un hecho indiscutible que el individuo corrupto es igual de antiguo que el político y es por eso que debemos analizar con toda la perspectiva posible un fenómeno que afecta a todos los ciudadanos de un sistema democrático de forma tan grave. 

La corrupción es el problema estructural más importante de cualquier organización que detenta y ostenta un poder, pero la corrupción política es la más grave por varias razones, de las cuales yo destaco dos. La primera es que es la causa más directa del aumento de la desafección política, hecho que ataca directamente la raíz de nuestro sistema democrático. La falta de confianza en los partidos provoca un desinterés que en muchas ocasiones, y con la mirada hacia atrás, provoca el aumento de las posibilidades del auge de ideologías radicales y populistas, lo que mina la racionalidad del votante a través de varios mecanismos. El buen juicio es requisito fundamental para el correcto funcionamiento del sistema. La segunda razón es la disminución de la fe en la democracia. Sí, es cierto, los datos muestran que la desafección política no está ligada a la desconfianza en las instituciones y en la confianza en el sistema democrático pero, bajo mi punto de vista, una mala opinión de los partidos crea un problema en la raíz del sistema. Es en el partido donde las ideas se exponen, se elaboran y se trabajan para lograr unos objetivos. Es cierto que el sistema democrático es el mejor pero no es perfecto y necesita ciudadanos comprometidos, organizados en partidos políticos que luchen por obtener democráticamente el poder para llevar a cabo sus ideales, y que estos sean discutidos. Si el individuo pierde la fe en los partidos, aunque siga aprobando con nota las instituciones, está perdiendo indirectamente la fe en la democracia y eso es algo que no nos podemos permitir bajo ningún concepto. 

La corrupción es un fenómeno que necesita combatirse con garras e inteligencia. Es completamente necesario ir un paso por delante de ella, estableciendo estructuras, mecanismos y herramientas para prevenirla, localizarla y neutralizarla con todo el peso de la ley. Los partidos políticos deben adaptarse para fomentar y establecer una transparencia de calidad, la corrupción reside en la oscuridad y ahora más que nunca debemos arrojar luz en todos aquellos rincones donde no llega. Respecto a los mecanismos y herramientas, los partidos deben establecer todos aquellos que sean necesarios, pero haciendo énfasis en la retroalimentación. Debe ser el propio partido el que fomente una cultura de tolerancia cero realista y no ejerza una posición de defensa ante la corrupción, actuando cuando ésta ya se ha producido. Un partido debe buscarla y debe ponerla encima de la mesa en el caso de que la encuentre para demostrar que aquí nadie está por encima de la Ley y que los partidos están para servir a los ciudadanos y no al revés. 

Cristina Cifuentes ha dejado claro que esta política es posible. Lamento que se la haya criticado por los últimos casos de corrupción del PP de Madrid, cuando fue el propio gobierno de la Comunidad de Madrid quien puso la denuncia en los tribunales y cuando su actitud ha sido intachable abordando este tema.Los partidos creen que acusándose los unos a los otros con la corrupción ganan votos para sí mismos, pero lo cierto es que aquí perdemos todos. Con la corrupción, tolerancia 0. 
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