Habrá pocas ciudades a las que el blanco les siente tan bien como a la capital de Eslovenia.

Pasear por sus callejuelas era como un sueño, un sueño en el que todos los deseos se hacen realidad. Parecía como si el frío estaba encaprichado de todos sus rincones y no la quisiera dejar escapar, por ello nos complicaba más y más atravesar su corazón urbano.

Eso nunca me importó, el frío no impidió que Liubliana me atrapase. Y así lo hizo Liubliana me enamoró, ella me conquistó, el blanco vestía todas y cada una de sus aceras, de sus calzadas empedradas.



El río Ljubljanica siempre la acompaña, Ljubljanica  la atraviesa y divide; algo que hace que un paseo a sus orillas sea la mejor forma de disfrutar de la vida.

Liubliana fue escenario de muchas batallas protagonizadas por bravos caballeros, así lo relatan la plaza central, lugar donde confluyen todos los caminos, y los edificios colindantes. Hasta los dragones que llegaron a Liubliana para arrasarla se enamoraron de la ciudad y se quedaron a orillas del Ljubljanica, ahí yacen postrados en un puente desde el que vigilan a todo ser que decide adentrarse en la ciudad.

Liubliana es tan especial que todos los años al comienzo del invierno cierro los ojos y me la imagino toda vestida de blanco, me traslado a esa ciudad donde el frío viste a las calles.

Habrá pocas ciudades a las que el blanco les siente tan bien como a la capital de Eslovenia.

Pasear por sus callejuelas era como un sueño, un sueño en el que todos los deseos se hacen realidad. Parecía como si el frío estaba encaprichado de todos sus rincones y no la quisiera dejar escapar, por ello nos complicaba más y más atravesar su corazón urbano.

Eso nunca me importó, el frío no impidió que Liubliana me atrapase. Y así lo hizo Liubliana me enamoró, ella me conquistó, el blanco vestía todas y cada una de sus aceras, de sus calzadas empedradas.

El río Ljubljanica siempre la acompaña, Ljubljanica  la atraviesa y divide; algo que hace que un paseo a sus orillas sea la mejor forma de disfrutar de la vida.

Liubliana fue escenario de muchas batallas protagonizadas por bravos caballeros, así lo relatan la plaza central, lugar donde confluyen todos los caminos, y los edificios colindantes. Hasta los dragones que llegaron a Liubliana para arrasarla se enamoraron de la ciudad y se quedaron a orillas del Ljubljanica, ahí yacen postrados en un puente desde el que vigilan a todo ser que decide adentrarse en la ciudad.

Liubliana es tan especial que todos los años al comienzo del invierno cierro los ojos y me la imagino toda vestida de blanco, me traslado a esa ciudad donde el frío viste a las calles. – See more at: http://www.madridesnoticia.es/ciencia_y_tecnologia/viajes/historia_liubliana_y_nieve#sthash.V7Pc2bja.dpuf




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