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El tenista suizo Stan Wawrinka ha conquistado este domingo Roland Garros tras imponerse (4-6, 6-4, 6-3, 6-4) al serbio Novak Djokovic, con lo que el helvético se apunta el segundo torneo de Grand Slam de su carrera y aleja al número uno del mundo del sueño de entrar en el selecto club de tenistas que han conseguido los cuatro grandes.  

Wawrinka se valió de sesenta golpes ganadores, asombrosa estadística sobre tierra batida, y suma su segundo Grand Slam tras el Abierto de Australia en 2014 donde derrotó al español Rafa Nadal en la final. Una victoria que le vale al suizo para auparse hasta el número cuatro del mundo en el ranking ATP.

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Por su parte, Djokovic tendrá que esperar de nuevo para volver a afrontar el reto de conseguir el Grand Slam. Nole no pudo aprovechar su condición de favorito, el nivel inalcanzable este año en el que se presentaba en París con cinco títulos (Australia y cuatro Masters 1.000), y cayó tras una racha de 28 victorias seguidas en el peor momento posible.

El de Belgrado comenzó la final con buen pie quebrando el saque de Wawrinka en el séptimo juego de la primera manga. Así, Djokovic tomó ventaja apoyado en su servicio –78% de primeros saques– y en los pocos errores, siete, que cometió.

El octavo cabeza de serie del torneo parisino, lejos de amedrentarse, comenzó a golpear la pelota de manera impecable. Después de una igualada segunda manga Wawrinka logró romper el saque de su rival con 5-4 e igualar así el partido. Despertar del suizo que coincidió con la abismal diferencia en los porcentajes de primeros servicios de Nole. El serbio, pasó de un 78% a acertar tan sólo el 61% de sus primeros saques en este segundo parcial.

Con un Djokovic agarrotado y menos suelto que en rondas anteriores, el tenista helvético aprovechó la inercia en su juego para enterrar al de Belgrado en la arcilla de París. En el sexto juego de la tercera manga consiguió un break que le daba ventaja de 4-2 e impecable en su servicio se apuntaba el set.

La cuarta manga fue una montaña rusa. El número uno mundial llegó a ponerse tres juegos a cero, pero la presión y el desparpajo de Wawrinka volvía a poner la igualdad en el set (3-3). Entonces, con el suizo al servicio Djokovic tiró por tierra un 0-40 que le pudo poner con ventaja. Una oportunidad que no desperdició Stan que gracias a un impecable revés paralelo certificaba el break y apostaba por su saque para ganar su segundo Grand Slam.

A la segunda bola de partido Wawrinka enterraba el sueño de Nole de alcanzar el Grand Slam para convertirse en el rey de París. Todo apuntaba al año del serbio en la Philippe Cartier, por el tenis mostrado y por el hambre de los tres últimos años. A la tercera final no fue la vencida, esta vez no estaba Nadal enfrente, pero sí un Wawrinka inspirado que quiere su porción de historia en el mundo del tenis.

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