El problema cinematográfico de la conspiración enrevesada.

No se trata de una conspiración, esto debería ser cine. Pues, resulta que un buen director australiano de nombre Roger Donaldson muestra una filmografía dispar y demasiado escalonada para demostrar convicción y establecer las bases de una carrera coherente. Con títulos que tuvieron un éxito comercial bastante apreciable a mediados de los años 80 y 90, además de alternar la acción con películas de un bagaje político dentro del mundo dirigido por los poderosos como la recordada No Hay Salida o Trece Días.



En cambio, el actual siglo XXI ha ido depauperando los guiones en los que se desarrollan dichas tramas y cuesta bastante trabajo encontrar historias que te atrapen de la A a la Z, que mantengan el ritmo creciente y la tensión necesaria para retener al espectador con sus sentidos inmersos en una conspiración, como el maestro Hitchcock proponía con perspicacia y buen hacer.
 
De todas formas en cada época, existe un puñado de buenos filmes que te mantenían el cerebro ocupado en desenmascarar a los malos con sus planes para destruir la sociedad y descubrir aquellos entramados que acompañaron la ficción o la realidad, en épocas tumultuosas del pasado o enfrentamientos bélicos entre países y telones de acero.

En esta ocasión, Donaldson retoma una cara conocida y emblemática es algunos títulos con traiciones o espías asesinos, con un Pierce Brosnan (sin la flexibilidad del James Bond) que participara en un anterior trabajo del director en Un pueblo llamado Dante´s Peak, y que debería empezar a buscar otros papeles más acordes con su realidad actual. Si bien, el comienzo de su interpretación en el filme está dirigido a devolver un brillo que se acaba apagando en un trayecto plagado de incongruencias y desatinos dialogados.
 
Uno de los problemas es un guion plagado de tiroteos efectistas y persecuciones tan poco atractivas como efectistas… y eso que el director utiliza (con poca clarividencia) el bello rostro y las esculturales piernas de una ucraniana llamada Olga Kurylenko, que anda algo despistada en el papel de mujer fatal. Peor cuanto más se acerca a la bondad y a esta relación amistosa (ni rastro de sexualidad) entre los dos personajes principales.

Además, The November Man (que así se llama el agente en cuestión entre colegas) recuerda demasiado a otras relaciones que obtuvieron en el pasado Asesinos, a sueldo de una u otra corporación.  Por tanto, pasados los primeros minutos entretenidos, el filme se despista y nos hace cuestionar la pérdida de tiempo, pues la captación de interés es tan desigual que el embrollo podría extenderse hasta diciembre y el desenlace seguiría pareciendo.

En definitiva si eres un buen aficionado al cine de espionaje, tu atención se destinará a intentar observar una mueca distinta en el rostro de Brosnan o un detalle más detallado de la anatomía de Olga. Incluso las ciudades de Belgrado y algunas de Montenegro parecen un escenario de cartón piedra, dada la escasez de ideas en las escenas y una violencia gratuita o poco creíble. Todo bajo el telón de una amenaza soviética que hubiera podido ser más real, debido a los enfrentamientos actuales en la frontera ruso-ucraniana y los pasados crímenes de guerra en los Balcanes, objetivos bastante desaprovechados.

Realmente, no sabemos los motivos por los que el dedo no apunta más atinadamente.
 
Peter Deveraux (Brosnan) intentará descubrir que esconden los gobiernos de aquellos y los propios, para volverse un vengador entrado en años y poca empatía, que poco recuerdan su leyenda pasada en el cine cuando empezara a sonar su elegancia irlandesa con sus participaciones en Nómadas de John McTiernan o El Cuarto Protocolo. Hasta que en la década de los noventa llegarán sus mayores éxitos comerciales. De momento, le volveremos a ver en un trío de películas con el mismo formato, una comedia romántica, y representando al rey de Francia Luis XIV, quizás sea el cambio esperado para sus próximos trabajos.

Como no puedo explicar más de este thriller desaconsejable en Noviembre o Julio y con esta ola de calor que nos hace sudar por los tuétanos, si vas al cine a ver alguno de los estrenos actuales… al menos aprovecha bien el aire acondicionado, pues con tantas explosiones sacadas de una película de Terminators y el sofoco de unos diálogos tan manidos te puedes carbonizar en la butaca.

El precio de la entrada lleva todos los gastos incluidos y también bostezos por la escasez de horas de sueño. A dormir Zzzzz.
 




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