Cuando James Cameron estrenó Terminator en 1984 lo hizo para revitalizar un género, la ciencia ficción, que dos años antes había comenzado un cambio en los patrones de la ciencia y el cine en el futuro. Desde allí, el director canadiense se ha convertido en un representante de la tecnología cinematográfica dirigida al espectáculo y la comercialidad.

Hoy, treinta años después, otro londinense llamado Alex Garland ha decidido que además de ser un reputado escritor alineado junto al director Danny Boyle con títulos como La Playa, 28 Días después o Sunshine, continuará la sorpresa que supuso la aparición y el concepto artístico de aquel Terminator de bajo presupuesto. Sigue el mismo paso cualitativo del guion de su notable Nunca Me Abandones y, ahora se suma a la dirección con una propia y magnífica historia sobre androides (mejor dicho ginoides) titulada Ex-Machina. Pienso que también lo ha hecho para quedarse, pues ya tiene proyecto desarrollando el guion basado en el videojuego Halo y posiblemente otra película scifi titulada Annihilation junto a la actriz Natalie Portman.
 
Cyborg (palabra compuesta por los términos Cyb- de cibernético y -org de organismo). Una criatura compuesta o creada por elementos orgánicos y dispositivos tecnológicos dispuestos por el hombre para mejorar las capacidades limitadas de nuestro propio cuerpo.



Sin embargo, en Ex-Machina prácticamente no existen células o material genético, porque la criatura se basa en la capacidad intelectual intervenida por registros informáticos de nuestra especie en la red social y adaptados en un cerebro dispuesto a romper los esquemas hasta hoy conocidos en las máquinas confeccionadas por el hombre. Desde que el escritor francés Jean de la Hire o el propio Edgar Allan Poe, se dedicaran a completar los cuerpos completados con prótesis mecánicas y crear los primeros superhéroes en el mundo de la fantasía literaria.
 
Ava como si fuera un felino enjaulado, deambula de un rincón a otro por un «presente» distópico, una figura atractiva y una mente con los suficientes arrestos, calculados, para intentar encontrar una salida de esta prisión a la que se ha visto sometida por su creador. El hombre-Dios.

En este sugerente filme, durante 7 sesiones de evaluación, se entregará a Caleb… bueno algo más que eso, se cuestionará junto a su engañado protector o se preguntará por los factores que evolucionan su comportamiento. El de ella y el de él, interpretados con verosimilitud por la atractiva actriz sueca Alicia Vikander y el irlandés en crecimiento constante Domhnall Gleeson, una pareja que se convertirá en ejemplo de culto entre los aficionados a la ciencia ficción.
 
Ex-Maquina cuestiona los temas esenciales que significan la vida, se extiende por rasgos metafísicos que rodean las relaciones personales entre humanos y las entidades que vendrán próximamente a compartir sus estereotipadas existencias. Todo a través de un argumento estudiado y con un suspense in crescendo hasta la resolución dramática. Como un sueño de replicantes en busca de la libertad añorada.

Ambos serán observados por Nathan, el fabuloso Oscar Isaac creador de todo este mundo en la sombra, dividido entre la electrónica de última generación y la informática más comprometida con la evolución. Hasta conformar una especie de Trinidad, compuesta por Dios, su hija y un Espíritu Santo bondadoso, fuera de cualquier teoría teológica.
 
Sin embargo, existe en el filme un personaje que respira y toma sus decisiones, prácticamente aparece en todas las secuencias y tiene un alma que gira con los protagonistas principales. Se trata de una casa moderna y solitaria, semejante a una habitación del pánico que impide la invasión desde el exterior, aunque igualmente evita la huida de sus variables inquilinos.

Este lugar de ensueño (o pesadilla) se presenta ante la cámara con una personalidad mediante los colores (azul y rojo en contraposición), guiada por los silencios, pirateada por una sexualidad latente escogida por el hacedor, el sexo que todo lo impregna secuencialmente.
Aquí, estarás a salvo de cualquier mirada de pájaros metálicos, pues funciona como barrera natural y cárcel para experimentos.
 
Genial guion, por tanto, dónde se esconden trampas y palabras encadenadas para acrecentar el suspense, inteligencia artificial con síntomas de falsa personalidad y apariencia inquisitoria, entre el amor y la amenaza velada. Pero, el padre cienciólogo deberá lidiar con el control ante tanta mentira, mirarse al espejo dónde se muestran los Tyrell del pasado futuro y las pruebas de Turing dan positivo en el pensamiento plasmático de ella. Sus deseos ocultos de libertad y sexo.

Curiosamente, otro de los valores de Ex-Machina es que a pesar de toda la evolución cibernética, la comunicación (móviles incluidos) está prohibida para no difundir lo que ocurre al espectador, antes de sus propias elucubraciones. Excepto, las confesiones de la pareja puesta a prueba ante la cámara, desnuda o vestida, con piel o conexiones oníricas; mientras Prometeo observa el comportamiento sin saber quién será el dueño de su propio destino. Seguramente, una encrucijada de alcohol, navajas, relatividad y muerte.
 
Ex-Machina es arte conceptual brillante y la singularidad romántica de una nueva especie que llega para apoderarse del corazón de los seguidores de la fantasía utópica.




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