Algo me está ocurriendo en los últimos tiempos, que pongo mi foco de atención en las películas de otras décadas. Será que me estoy haciendo viejo (como Mr. Smith) o que las historias de hoy me recuerdan épocas atrás y mejores en el mundo del cine.

Hoy comento otra película de las llamadas ´thrillers` con una pareja exótica y resultona, que al menos funciona hasta la mitad de este metraje, se trata de Focus dirigida por dos mentes iniciadas en la comedia con resultados dispares. Los directores Glenn Ficarra y John Requa (I Love you Phillip Morris, Crazy Stupid Love) ya dan muestras con sus títulos anteriores por dónde irán los tiros de sus producciones emparentando el humor con la sexualidad, a la vez que las relaciones personales chocan con esa muralla química llamada amor.
 
En Focus, por el contrario, el panorama es algo distinto, pues camufla la tirantez de los pálpitos del corazón con un guion entretenido en principio entre dos timadores de alto copete, una especie de Lobos de Wall Street con menos humor y mala leche.



Vamos, en la categoría de tramposos y pijos llamados por olor del dinero a espuertas de la forma más simple posible. Aquí como en la realidad, el trabajo además de escaso es para cerebros hábiles al compaginar los ojos con los dedos y la sustracción.

Por tanto, Focus se desmarca de los territorios de la risa para crear una estafa que recuerda aquellos escenarios lujosos de Los Timadores (claro que sin la participación en el guion del autor de Senderos de Gloria) y cambiando el triángulo por una mayoría de género masculino.

De igual forma, se limita a recrear ciertos ambientes o looks elegantes sin tener que ver con la experiencia visual de una fotografía de calidad o los diálogos espléndidos de aquella pareja formada por el escritor Jim Thompson y el director inglés Stephen Frears.

Tampoco tiene paralelismo con las interpretaciones excelentes y la crispación interpretativa de 1990, o remontarse a los entramados míticos del filme de George Roy Hill mediante un golpe recordado por generaciones de cinéfilos. Aquel que sigue emocionando a pesar de su conocido final. Hoy, la pareja protagonista de Focus hace sus esfuerzos por establecer la empatía con el espectador, Will Smith y la maravillosa Margot Robbie se quedan a años luz, descolocados en una relación que no llega al clímax ni chistes con un nivel para ser recordados, más bien, soltados al azar como un carterista en pleno carnaval de Nueva Orleans.

Curiosamente, gracias a sus esculturales cuerpos y esa trama de aprendizaje en el negocio del hurto, la aventura se aguanta justo hasta la mitad (tras el partido de fútbol) cuando hacen aparición otros personajes y un mundo de carreras se interpone en una historia que podría haber dado más de sí

A partir de ahí, las trampas se desmarcan del divertimento que demostrase El Golpe o la elegancia tensa de Los Timadores, para desenmascarar la falta de ideas evidente. Ya no funciona la pareja protagonista, perdidos en una trama sin interés y escenas cogidas por los pelos sin necesidad de un romanticismo forzado y la desaparición del humor.

A fuerza de observar los movimientos de la pareja por la gran pantalla, de sus intentos por compenetrarse en todos los sentidos (sobre todo por parte de Ms. Robbie), estos encuentros no hacen más que separar sus caminos, ya no tan ideales entre novata y maestro

Porque la pareja de directores se pierde en chistes escatológicos, dónde el profesor del engaño se aleja tanto de Paul Newman como de la clase que desprendía en sus tretas al margen de la ley; y aunque el cuerpo perfecto con impresionantes ojos azul-grisáceo de Margot posee mejores piernas para el público masculino que el ágil Redford de 1973, la película se pierda en una absurda segunda subtrama final que la releva del primer plano.

Al final poco importan los trucos de cámara, los encuentros en parajes tan cinematográficos como el estado de Louisiana, el hotel Bellagio de Las Vegas o las calles reconocibles por el viajero entre New York o Buenos Aires. Porque nuestra atención (la mía) se ha perdido entre sábanas frías y demasiada cháchara insustancial, solamente atraída por sus sonrisas, la búsqueda de partes determinadas de sus cuerpos o el estilismo de sus vestimentas de alta costura, para ellos y para ellas.

Una pena que no acompañe la imaginación como ocurriera en otros terrenos movedizos de antaño, cuando los tramposos y mafiosos se confundían, cuando hace poco una joven espectacular por su físico y desparpajo salió de la camada de lobos enfangados entre el lujo y montañas de billetes ejecutados por la mente del genial Scorsese.

Cuando los piratas informáticos o financieros eran reconocibles por los cinéfilos por la fuerza de su carácter y las voces que resonaban con frases inteligentes y miradas magnéticas.En Focus, poco a poco, todo empieza a oler a trifulca cinematográfica y engaño, hasta que el espectador se da cuenta y es golpeado inmisericorde por unas balas de fogueo que no conducen a ningún sitio. Sólo a una película de canícula más.

Aún así, a pesar de esconderse en esa lujosa apariencia (además de artificial) y unas gafas contra reflejos desenfoques del estrellato, guardaremos una parte del corazoncito para ellos. Smith para ellas, Margot para ellos.

La trama, lo dicho, divertida hasta la mitad.
 




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