No, no se debe a la regularización de la renta antigua que con tantos locales ‘de los de toda la vida’ está acabando. Tampoco se debe a la situación económica del establecimiento. Es, simplemente, por motivos de salud de los dueños.

Son muchas generaciones y los dueños ya tienen una edad. Están cansados de trabajar. El Café Central cerró sus puertas este lunes después de 128 años de vida, que se dice pronto.



La decisión ha sorprendido a los habituales clientes del local, a aquellos que pasan todas las mañanas por delante al salir de la boca de Metro de Bilbao, pero sobre todo, ha sorprendido a los trabajadores, ya que algunos de ellos llevaban décadas trabajando ahí.

El edificio entero pertenece a la familia, según aseguran los propios trabajadores. Por lo tanto, el motivo con el que se había especulado, el cierre por el alquiler de renta antigua, está más que descartado. Además, según aseguran los propios camareros, el negocio iba bien, incluso mejor que en años anteriores.

La decisión parece estar tomada y difícilmente los dueños se echen atrás. Desde esta semana Madrid pierde otro poco de su esencia.

El fin de semana cerraba sus puertas el Mercado de Fuencarral, toda una referencia en el mundo de la moda y las compras de la capital, alejándose de las grandes superficies e imperios textiles como El Corte Inglés o Inditex. Era, sin duda, la opción preferida para aquellos que no querían seguir la corriente a los demás. Un edificio que hacía aún más especial a nuestra ciudad.

¿Y los cines? Poco a poco van cerrando y dando paso, precisamente, a Zaras, Mangos o qué se yo. Otras cafeterías… más de lo mismo. Madrid se moderniza, sí. ¿Pero a costa de arrasar con todo lo demás?

¿Qué pasará con el Edificio España? ¿Se respetará finalmente su fachada o el poder del dinero la destruirá? Apple desplazó al Tío Pepe… Ni si quiera el oso y el madroño se encuentran en su lugar original.

Solo queda esperar que los próximos dueños del Café Comercial respeten su esencia, la fachada y el interior del local. Y los demás (como el Café Gijón, por ejemplo)… ¡Aguantad valientes!




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