La Liga de los Tramposos

La Liga de los Tramposos

Para aquellos que no estén habituados a mezclar géneros, debo decir que, acostumbro a unir los comentarios deportivos con el cine, y aderezarlos con un poco de sentido del humor, cosa que no va mal para desengrasar el mundo futbolístico y levantar alguna que otra ampolla en el desierto, de Arizona a España, como es el caso de este comentario. Espero que guste, aunque sea con alguna trampilla.
 
El asalto a la Liga está a punto de comenzar, en otra temporada en que se buscará al jefe entre los tramposos, esperemos que sea un comandante con la mente blanca, y la oportunidad de volver a hacerse con un botín que fue abandonado como un tesoro en un agujero del desierto.
Para ello, deberá competir (porque lo lleva en la sangre) con otros desarrapados y pistoleros que se encontrará en el camino, una verdadera familia de separatistas, solitarios. Aquellos que en el pasado, se hicieran con la fama y los títulos de más rápidos o pendencieros del viejo, oeste a este. Muchos acusaron de amasar fortunas a los demás, cuando sus atribuladas carteras estaban bien repletas con sus triquiñuelas, sustrayendo cuentas de trabajadores y demás potentados empresarios, de diferentes mundos incluido el amado cine.
 
Algunos dieron con sus huesos en la misma prisión del fútbol, acusados de financiación indebida, relaciones y batallas sangrientas con los indios, negocios con oriente… y mordidas varias.

Pues bien, el personaje que interpretara con su innegable habilidad y gracia, Mr. Kirk Douglas, conocía los secretos de aquel refugio y los favores que debía tramitar a algunos personajes, cegados con el brillo de los dólares o la copa.

Un tal Leo Messi, foráneo acusado por su tribu de endeblez defendiendo a los suyos, que tuviera como estandarte de sus éxitos al Gran Guardiola desde su retiro germano, un pistolero lanzando maldiciones desde su campanario. Ahora sustituido por el astur, otrora, partido por los espaguetis, rostro pálido, al que le gustaban todas las camas, de aquí al río Pecos. Un guaperas, envidiado incluso por sus huestes culés.
 
Sin embargo, el poco Cristiano «Douglas» tenía en su poder las coordenadas para alcanzar sus objetivos, un tiro durísimo y regatear a todos los contrarios a su paso, aunque para ello tuviera que quedar en calzoncillos zurcidos en sus fábricas, haciendo publicidad por los tugurios de la sociedad y la comunicación, goleando al personal con su sonrisa y provocando las envidias. En su poder estaba el futuro de todos aquellos, considerados hienas blancas, a salvaguarda de las picaduras letales de las víboras, murciélagos, además de las flechas de los pieles rojas.
 
Ese día que fue a parar a la prisión, acusado por todos los enemigos, se tomaría el asunto con gracia como unas vacaciones al Sol pendenciero, en un apartamento con todas las comodidades concedidas por el alcaide de la misma. Uno que rogaba, lloraba todo el día, pidiéndole los secretos que ocultaba para conquistar los trofeos, liga y Champions. Pero, el buen Ancelotti sería mandado al extrarradio madrileño, sustituido rápidamente por alguien diezmado físicamente, según las malas lenguas, pero con una mirada que ni el mismísimo Henry Fonda podría igualar. Benítez, vino, vió y se hizo con los mandos, sin brillo ni ilusiones, limpiando el vestuario en tinajas preparadas para los malos efluvios, esperando que no aparecieran las famosas revueltas de antaño.

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Aunque, muy a su pesar, en esta Liga de los Tramposos, cualquier cosa puede suceder. Muchos perseguían un botín que a él, también hacia tilín. Y cada uno, poseía una historia a sus espaldas para desviar la atención, de la supuesta amistad entre pistoleros y del simpático nuevo juez, que pretendía encajar menos goles, pero se olvidaba que un buen ataque es la mejor defensa, o ambas mejor.

Guarida de víboras, jóvenes promesas, sequías inquietantes, buitres carceleros que cambiaban los resultados con sus intervenciones desde las alturas, tantos que se apuntaban los dirigentes de la prisión, un tal Tebas y una carambola de Villar, inamovibles como estatuas de sal que no hacen «rien de rien» como Platini y el viejo general en la sombra, sin rejas. Qué temor a aquellos aguiluchos, sobre todo, de fina vista y afilado sentido para el silbato. Imágenes fundidas a negro, si no tienes money, money… escapadas a la cantina dejando a la parienta pintada como la pared.
 
Todo aquello formaba parte de la Liga de los Tramposos, hasta que se armo el Cristo, un plan diabólico para deshacerse de toda la chusma y los ojos desfondados tirando a azulado, que se entrometían en su camino hacia el éxito, recuperar los títulos, y volver a ser nombrado como «mejor pistolero del Oeste». Entre tribuneros, piperos, bebidas nutritivas, vómitos del único no nacionalista, batallas subterráneas como letrinas de este a oeste, Peter Limes de la China, leones que devoran a un argentino por sus pies, el pintor de caras Simeone buscando a su madre con el Mono, picados (en francés «piqués» escupidores de veneno, Ramos y Renés del derecho y del revés, lanzadores de esquina de izquierda y derecha, agresiones y tarjetas, etc… etc.
A pesar del veneno, y esperemos: ¡qué la sangre no llegue de nuevo al río!
 
Yo, personalmente, me retiro con esto, pues no tengo mucho humor ni avatar, para continuar… Recordando que los blancos hallaron el camino de la senda triunfal, para hacerse con el trofeo que lleva su gran hombre, sin apenas ilusionar ni menear un pelo, apareciendo como crack el gran Marcelo. Mientras, en el otro lado, se enfrentan al orgullo herido de 9 tantos en dos semanas, encajados como el veneno, que lengua viperina lanzó en tales disputas, nombrando a la madre del árbitro, supuestamente, como… meretrices, para no dañar susceptibilidades.

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