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Nos encontramos con una película interpretada y producida por Norman Reedus, con cierto aire un tanto viciado, aunque no debido a su título AIR y su atmósfera, sino por la disposición de los intérpretes ante un escenario único y pretendidamente opresor que nos intenta retratar, sin conseguirlo del todo.

En Air, el director novel Christian Cantamessa se embarca en una producción de pocos recursos, que partiría de una buena premisa pero que no se decanta por el uso de la imaginación. Por tanto, resulta bastante lineal en cuanto a la argumentación, los medios técnicos y la interpretación.

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En primer lugar, el guion del propio director inicia una aventura distópica (que podría resultar atractiva) en el sentido del realismo post-apocalíptico. Donde los personajes despiertan en un centro con estabilizadores criogénicos, como si fuera el comienzo de Alien, pero sin pasajero sorpresa.

Ellos son una serie de individuos que despiertan de una catástrofe y comienzan el mantenimiento de los dispositivos que controlan el sueño de otros, por ahora anónimos. A partir de ahí, con esta idea interesante no tan original como pretende, todo parece correcto y situado en un espacio cerrado dentro del género de la ciencia ficción. Sin nave espacial.

Así, pronto podemos comprobar que los cálculos financieros se han quedado algo justitos y parecen afectar al proyecto final, aunque no tendría porqué, ya que se podría salvar con la imaginación en juego.

Sin embargo, la historia tiene un tema que se va dilatando en el tiempo de proyección, sin sugerentes acondicionamientos ni diálogos brillantes, esto es, el resultado visual e intelectual es demasiado austero. Prácticamente, no existen novedades en el argumento plano, dando vueltas a la misma proposición inicial, sólo desmantelada con la aparición de un personaje que trata de romper el ritmo aburrido, con una pizca de sentimentalismo y una bella dama, de la actriz Sandrine Holt (Rapa Nui, Terminator Genisys).

Resulta difícil que un filme sci-fi, se mantenga con escasez de conceptos visuales y un rodaje casi teatral. Porque en Air, se representa la historia sólo con dos personajes, con trabajo agotado de Reedus y un Djimon Hounsou que intenta hacer un esfuerzo para no verse arrastrado por el ambiente monótono. Claro, no tiene la emoción de otras películas fantásticas con pocos personajes como Gravity, Solaris (la buena de Andrei Tarkovsky con más actores participantes que la sosa de Soderberg), Ex-Machina o me atrevería a incorporar, Psicosis. Donde la presencia femenina suponía un complejo y sugestivo acontecimiento.

En Air, la mujer sirve como excusa para romper la rutina, la misma fotografía e iluminación penumbrosa, y la participación poco cáustica y comprometida de Reedus.

Una pena que no se halla atrevido a girar la tuerca de la fantasía, mas, en este face to face, no tenemos a Terences Stamp y Samantha Eggar en El Coleccionista de William Wyler, ni tampoco a Michael Caine y Laurence Olivier en La Huella de Joseph Leo Mankiewicz. Son otros tiempos…
 

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