Nos hallamos con una película íntima del director francés Eugène Green, curiosamente nacido en Nueva York, en la que retrata un viaje inteligente y circunspecto por la región del Piamonte en la bella Italia, donde la piedra tomada desde cualquier posición se vuelve descriptiva ante el silencio del matrimonio protagonista.

El paso no casual por Bissone en Lugano (Suiza), Stresa y Turín, como el Lazio en la capital romana, indica que la arquitectura barroca italiana estará presente, ante el choque con fingidos silencios, falta de comunicación o confianza perdia, e imágenes que regresan para acrecentar la actualidad de su relación.



Para ello, el guion del propio Green se manifiesta en la personalidad confusa de sus interpretaciones, frontales o perfiladas, mirando directamente a los ojos del interlocutor o sesgándose en la perspectiva de la mirada del espectador. A la vez, que su profesión sirve de base para contar las dudas existenciales y una búsqueda incompleta de sus vidas, entre el Barroco italiano de Bernini y el movimiento formal de Borromini, y la naturaleza perdida de sus propios gustos y personalidades ocultas.

El actor Fabrizio Rongione es un arquitecto con dos dilemas personales, por un lado esta frialdad de los sentimientos con su pareja, interpretada con la misma distancia por Christelle Prot Landman, que les llevará a un recorrido por circunstacias personales hasta la aparición y relación directa con la muerte. Y de otro, un proyecto que le causa un conflicto interno entre el gusto personal por la eficiencia técnica de los edificios y el espacio o las formas, que investigan el uso de la luz para crear el confort o algo más sublime y elevado, con vida.

Las dudas en esta búsqueda y una posible incongruencia moral, religiosa y existencial, les entregará a un cruce casual o predestinado, mediante el uso frío de la cámara y el raciocinio psicológico demostrado por la profesión de la mujer. Pero, reflejada en la juventud de sus réplicas respectivas dependiendo de la mirada del director, una propuesta minimalista, ecléctica y naturalista; en la piel de un estudiante de arquitectura interpretado por Ludovico Succio y la piel mortecina o enferma de su hermana, con la actriz Arianna Nastro. Ellos serán el espejo en el que se fijen sus ojos, sacando a la luz sus dudas en la comunicación y otros problemas internos.

Así, intentarán solucionar la distancia y la frialdad de sus miradas, con la apariencia más joven de ellos mismos, sus deseos ocultos e inquietudes vitales, les llevarán al recuerdo de un tiempo que cambiaría su conocimiento sobre la propia vida y la pérdida del ser querido.

Sin embargo, el pasado también es protagonista ante un enfrentamiento arquitectónico, donde la roca respira y expresa la división conceptual, donde las grandes escalas chocan con la eficiencia y el espacio interior busca la luz como método de expresión filosófica o espiritual. La relación profesional poco amistosa entre dos figuras esenciales de la arquitectura barroca italiana, como serían el reconocido y majestuoso Bernini y su rival en la sombra, Borromini en  relación tempestuosa entre ellos y con el Papa. Al fin, frustrado y depresivo, Borromini se halló sólo ante el filo del olvido y un testamento mortal. Pidiendo ser enterrado después junto a la tumba de su maestro, Carlo Maderno.

Los cuatro personajes confundirán sus inquietudes personales y las soluciones para sus problemas internos, con esa búsqueda imposible e indemostrable, sobre las inquietudes vitales, el conocimiento de las grandes cuestiones y los recuerdos que aparecerán como un fantasma que cambió el camino de la reflexión hacia una luz que se apaga invariablemente. Esta etapa dará un vuelco a las decisiones que tomarán en el futuro, si es para bien o mal, les llevará a cuestionarse las relaciones entres sí. Unos se guiarán hacia el encuentro de dicha luminosidad y conocimiento, y otros se separarán como si las piedras de la arquitectura se hubieran transformado en una auténtica losa.

Interesante y brillante propuesta que el inquieto cultural verá como un acercamiento a la proporcionalidad y la medida de los encuadres, el histórico con la referencia a personajes reales, y el espectador medio se aburrirá ante el peso de la historia y la movilidad controlada entre la mente y el granito o la luz.
 




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