No hay cultura ni tradición que justifique, ni en Tordesillas ni en ninguna parte, la repulsiva barbarie del Toro de la Vega.

Verán, hay valores que cualquier ser humano común antepone a todo lo demás. Y esto, desde luego, no admite ningún debate: ni en las cazas de brujas medievales ni en los inquisitoriales autos de fe ni en las persecuciones de los regímenes totalitarios ni en la ablación del clítoris ni en las lapidaciones…



Por encima de cualquier folklore autóctono, están los derechos, aprobados por la UNESCO y la ONU también para los animales.

En este caso, sin duda, la gravedad de los hechos se atenúa al ser una res, y no una persona, la víctima propiciatoria del sangriento festejo; pero la nula moralidad del acto delata a cuantos participan, permiten o defienden la inmolación.

Porque muy improbable parece que los involucrados puedan compensar con acciones en otros ámbitos la extrema y arbitraria crueldad que muestran al regocijarse con el sufrimiento ajeno. Su burda actitud en este asunto basta para trazar un perfil psicológico próximo al de los sádicos antisociales y trastornados psicópatas.

A fin de cuentas no son sino peligrosos trastornos sociales las distintas fiestas paletas en las que se perpetran maltratos contra inocentes animales, principalmente toros, pero también burros, patos… y hasta ponis.

Repugna pensar qué oscuros argumentos alentaron que se declarase fiesta de interés turístico el 18 de enero de 1980. Y resulta más que confuso entender cómo es posible que aún hoy mantenga tal clasificación, equiparándose a celebraciones tan dispares como la Batalla de Flores de Laredo (Santander) o la Tamborrada de San Sebastián, entre otras.

Como atractivos turísticos, preferimos sol y playa, que ya ofrecen trabajo en precario, aunque solo veraniego, a nuestros serviciales camareros con título universitario.

La única decisión sensata, de esta manera, es la inmediata prohibición de estos denigrantes espectáculos, que todavía subsisten en un país que anhelamos civilizado y moderno, más allá de sus ancestrales artes: el Flamenco, la siesta, la picaresca y los Toros.




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