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Imagino que la mayoría sabe que las hormigas son insectos que se han esparcido por todos los continentes de este planeta, adaptándose a todos los tipos de ecosistemas (excepto en las regiones polares). Ahora, de la mano del director Peyton Reed acostumbrado a producciones más ligeras y amorosas, también en el mundo cinematográfico aunque nada que ver con trabajos como Microcosmos: La gente de la hierba, porque esta hormiguita tiene dotes especiales, como el humor y el nuevo conocimiento para salvar la humanidad.

Claro, Ant-Man es un superhéroe de Marvel que se convierte gracias a un traje tecnológico, en uno de los organismos más resistentes, capaz de levantar cincuenta veces su propio peso y establecer comunicaciones sensoriales (avanzadas en evolución de los tiempos) con otros miembros de diferentes especies. Así, la funcionalidad de sus dotes artísticas es ´casi` invencible.

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Sin embargo, el hombre tiene debilidades que no participan sólo en beneficio de la comunidad, sino que tienen preferencia por la satisfacción personal o el bien familiar que, en primer lugar, comprometió con sus acciones y cambios de humor.

Entonces en 1962, el increíble Stan Lee y el tampoco olvidado dibujante James Kirby, eligieron como protagonista a este superhéroe de las más de 12000 especies de la Tierra (incluso algunos entomólogos creen que fueron precursoras de las Avispas) y ahora en 2015, el actor Paul Rudd acostumbrado a las sonrisas desde su aparición en Crueless, ha sido elegido para adaptar esos aspectos fisiológicos al tamaño de un hombre. Bueno, no siempre.

Así, el diminuto ser llamado Ant-Man, en ocasiones establece un mundo diferente para el espectador, como ya ocurriera en otras famosas películas en disminución constante, como El Increíble Hombre Menguante del fantástico Jack Arnold o Viaje Alucinante de Richard Fleischer. Sin olvidar, por supuesto, propuestas más infantiles desde el libro Los Viajes de Gulliver del escritor Jonathan Swift, pasando a la divertida El Chip Prodigioso o Cariño, he encogido a los niños.

Jugando con la cámara, las perspectivas y efectos, ahora digitales, con texturas, tamaños e ilusiones.

No obstante, en Ant-Man se utiliza el humor como método para introducir los personajes, desde compañeros a archienemigos, la típica mente desvariada que intenta dominar el mundo económico con sus evoluciones de YellowJacket, en la piel del actor Corey Stoll (Midnight in Paris, Black Mass) y los frecuentes cambios de tamaño para luchar e interactuar con elementos vivos y fijos.

Por otro lado, tenemos el amor junto a una belleza atlética como la canadiense Evangeline Lilly (En Tierra Hostil, El Hobbit) y su padre en plena forma para golpear de nuevo, Michael Douglas, de lo cual me congratulo. Y definitivamente, a un grupo de ayudantes cinemáticos y combatientes. No me refiero a Halcones ni Vengadores, claro.

Realmente, lo diferencia a Ant-Man a otras producciones del universo Marvel, es una entrada diferente con amplia personalidad cómica y una estructura que varía de argumentos anteriores. Seguramente, gracias a la participación en el guion de dos directores como Edgar Wright y Joe Cornish, luego la aparición de corporaciones militares y descubrimientos científicos robados, hacen más típica la historia de un traje que cambiará definitivamente la percepción de las cosas.

Para ello, se cuenta con Double Negative y Gentle Giant Studios autores de muchas de las composiciones digitales de últimos éxitos en la gran pantalla, adaptando volúmenes y secuencias introducidas en ambos mundos, si bien en algunos momentos pierdes la continuidad con tanto baile de estaturas a gran velocidad, buscando la acción por encima de todo. Cinemática como compañera del viaje alucinante al mundo Marvel.

Diversión insectívora, moralina básica en familia y un Stan Lee… que sigue aumentando su leyenda en el cine. Ajusta bien tu antena con nuevos miembros de esta otra familia de diminutos héroes.

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