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Vaya por delante que no es admisible ignorar la realidad aplastante del hecho de que millones de catalanes reclaman de modo directo su independencia y un Estado propio. Y que siendo cierto que la solución a dicha situación no puede pasar por la negación ni el sectarismo doctrinario sino por la práctica de «la grande politique», no es menos cierto que parte del problema tiene su origen en la ceremonia de la confusión que se ha creado, entre otros conceptos, con el derecho de autodeterminación y el derecho de secesión, de modo que los independentistas tienden a equiparar ambos para reclamar la independencia como única vía para lograr su autodeterminación, mientras que quienes niegan el derecho de secesión lo hacen a su vez negando el derecho a la autodeterminación del pueblo catalán, incurriendo en un grave error.

Cualquier pueblo, grupo humano o colectivo tiene reconocido legítimamente su derecho a la autodeterminación, entendido como  participación en la toma de decisiones, no discriminación, respeto de los derechos humanos, exigencia de responsabilidades, lucha contra la impunidad, etc. Es decir, el objetivo último y fundamento del derecho de autodeterminación no gira sino en torno a la dignidad del ser humano (conciencia de participar en la vida de la comunidad y conciencia de que se le respetan las “mínimas condiciones de vida”). Nada tiene por lo tanto en principio que ver el derecho de autodeterminación con una determinada forma de organización de la vida en común, es decir del estado, de modo que necesariamente el ejercicio del derecho de autodeterminación pase por la existencia de un estado propio asociado a un pueblo determinado. Es posible por lo tanto ejercer el derecho de autodeterminación, y en última instancia vivir dignamente, de un determinado pueblo sin que ello implique necesariamente una estructura estatal, siempre que exista un respeto a la lengua, acervo cultural, derechos, identidad, participación política. etc. de un determinado pueblo, colectivo o grupo dentro de la estructura de un estado democrático y respetuoso con los derechos humanos de aquellos que integran sus comunidades.
 
La confusión aparece cuando se pretender equiparar indistintamente derecho de autodeterminación con derecho de secesión, éste último también reconocido por el derecho internacional cuando se ejerce en determinadas condiciones si se produce la vulneración de los derechos humanos y persecución del pueblo que aspira a la secesión, que buscada su autodeterminación mediante la secesión por medios pacíficos y con respeto al ordenamiento jurídico del estado del cual se pretende la secesión. Sin embargo en el caso de Cataluña es difícil sostener que ahora se esté produciendo una persecución o vulneración de los derechos humanos del pueblo catalán, o que el mismo no pueda efectivamente ejercer su derecho de autodeterminación de modo que no partícipe en la toma de decisiones de la comunidad política de la que forma parte, o que haya sido desprovisto por el Estado  de unas condiciones de vida digna. Así que en cierto modo el pueblo catalán tiene derecho de autodeterminación (que ya ejerce) pero no de secesión. Al menos mientras no haya una discriminación y vulneración  de sus derechos humanos por parte del estado…
 
¿Es catalán un pueblo?, ¿es una nación?, ¿tiene derecho a la democracia?, ¿tiene derecho al respeto y ejercicio de su especificidad?, ¿tiene derecho a la autodeterminación?, ¿tiene derecho al respeto a sus derechos humanos? La respuesta debe ser afirmativa en todos los casos. Sin embargo, ¿existe un derecho de secesión de pueblo catalán respecto del Estado? No, pues dicho derecho solamente surge si por el Estado se vulnera su derecho de autodeterminación y participación en la comunidad política que les incluye, sin privilegios ni exclusiones, que se engloba afirmativamente en las primeras cuestiones… De modo que es precisamente la existencia de una democracia respetuosa con los derechos humanos y con el derecho de autodeterminación de los pueblos que conviven en el Estado lo que impide el reconocimiento de tal derecho de secesión.
 
Y es que resulta innegable que hoy en día no se da en el Estado una persecución del pueblo catalán o una discriminación del mismo. Son evidentes las diferencias respecto de la situación actual de casos como los de Kosovo, Georgia, Libia, Siria o Timor Oriental…
 
Cuestión a pare es el análisis que podríamos hacer de la relación entre los procesos electorales y la autodeterminación de los pueblos, pero es innegable que al menos hoy en día y desde la perspectiva del Derecho Internacional de los Derechos Humanos, no solamente no se dan en Cataluña las circunstancias que justifiquen el reconocimiento del derecho de secesión, sino que es precisamente el respeto a los conceptos esenciales de la convivencia democrática en el Estado y el reconocimiento y efectivo ejercicio del derecho de autodeterminación del pueblo catalán, y no su negación, el principal argumento a favor de la unidad de todos los pueblos que hoy conforman el Estado español.

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