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El guion de la película dirigida por Brad Bird (El Gigante de Hierro, Ratatouille, Los Increíbles), se ideó entre 2011 y 2012 junto a Damon Lindelof, guionista invasivo entre aliens (Star Treck, World War Z).  Simplemente, hago esta referencia porque desconocía su contexto y el desarrollo del argumento, cuando dediqué mi tiempo personal un año después a escribir, sobre el mismo tema que abarca esta producción de Disney llamada Tomorrowland. Esto es, el futuro.

Su aspecto visual contiene algunas propuestas artísticas sobre construcciones, avances tecnológicos y visones futuristas que podrían existir (o no) dentro del tiempo que describe mi encéfalo raquídeo. Un lugar utópico donde los sueños se pueden hacer realidad, en la mente de un niño (interpretado por el joven actor Thomas Robinson) que siempre había deseado volar, con alas o sin ellas, y dirigirse a un mundo fantástico e ideal para ayudar con su inteligencia a los demás.

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Este espacio limpio y sin contaminación, denominado Tomorrowland, no tiene castillo para princesas Disney (va desde Vancouver o Bahamas, pasando por Florida y New York hasta La Ciudad de la Luz) y resulta una visión aproximada de próximas generaciones de humanos. Desarrollándose a través de tres épocas temporales a pocos kilómetros de distancia, es decir, un pasado en que los robots retroceden desde su futuro buscando reclutas no desmoralizados de esta humanidad actual.

También parte de nuestro presente, cuando esos prototipos vuelven más evolucionados y peligrosos, nuevos modelos que se camuflan entre la gente. Aquí, despega la emergente estrella y cyborg en calculada piel de Raffey Cassidy, que encontrará el cerebro capaz de arreglar una cruenta condena del futuro humano más próximo. Si estamos o no sentenciados, lo descubriremos por aquel niño volador y la responsabilidad de George Clooney (antes de estrenar sus trabajos con los hermanos Coen y otro con Jodie Foster en la dirección), que suma fuerzas con una chica acostumbrada al funcionamiento de todas las cosas, aquí y en mundos paralelos. Es la actriz Britt Robertson que participará en los nuevos filmes de Beresford, Marshall y Lasse Hallström.

En el devenir de un tiempo y lugar indeterminado casi tan mágico como, el País de Nunca Jamás y el no crecimiento de Peter Pan, enamorado del corazón de una pequeña autómata, o Campanilla secuenciada. Todos juntos emprenderán una misión, uno volar, otra sentir, el primero recordar un amor imposible, la misma encontrar la salvadora de la civilización; donde humanos abran una ventana con T mayúscula, que conecte a un campo dorado y no contaminado.

Al final como Marty McFly, esta salvadora viaja a un futuro no tan divertido y desconcertante, sino algo más sesudo. Aunque destinado al mundo juvenil e infantil, científicamente evolucionado hasta unas secuencias digitales para sus efectos, consecuencias subatómicas de la teletrasportación en el tiempo, y naves monumentales en lugar de un carro (fabricado en Irlanda del Norte en 1981) con el nombre de su arruinado creador, el Delorean DMC-12. Igualmente idolatrando un poder único o medio de controlar información con la ayuda de un Hugh Laurie errático y dual.

Sin embargo, las consecuencias desdibujan las intenciones iniciales de ensoñación adulta, hacia un típico efectismo apocalíptico y simplista conducido a los más jóvenes. En la piel de un Koji Kabuyo, Meteoro o Astroboy y una amiga especial con el poder concentrado en un pin.

Mientras el narrador de Tomorrowland se postula por la oscuridad (o no) de nuestra fecha de caducidad y la acción de la factoría de los sueños.

El prometedor principio nos regresa a nuestra edad actual. Eso sí, sin contar con nuestros amigos de 1985, los inolvidables Michael J. Fox como Marty y Christopher Lloyd en el rol de Doc.

No es adivinación porque Brad Bird tiene anunciado sus nuevos pasos después de esta tierra del porvenir, será su segunda parte de Los Increíbles y un drama en la ciudad de San Francisco durante el famoso terremoto llamado 1906. No sé cuál será nuestro futuro, pero haré lo posible para ayudar a nuestra situación. Escribiendo. 

Colorín, colorado… este cuento futuro se ha acabado. ¡Por ahora!

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