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Cuarto día en prisión y portada del Financial Times. Algo no funciona bien, y no sé si el problema está en una sociedad enferma que celebra el encarcelamiento de dos artistas por los hechos cometidos por dos muñecos de trapo en un relato de ficción, o en un código penal que va camino de penalizar salir de la cama cada mañana, obviando la excepcionalidad del castigo penal y el principio de mínima intervención.

No les diré que la democracia se nutre de la libertad de expresión, les voy a contar un par de obviedades aún mayores: los títeres no son personas, son muñecos de trapo; y el teatro es una ficción, no una realidad. Alfonso Lázaro y Raúl García están en prisión porque alguien ha deformado a propósito la realidad, atribuyéndoles la comisión de determinados hechos ficticios.

El ahorcamiento, apuñalamiento o violación de un guiñol no puede ser delito, como tampoco lo es ningún comportamiento o acción que realice el muñeco, ni el relato contenido en una novela o el guión de cualquier pelicula. Es simplemente absurdo.

Este no es un debate sobre los límites a la libertad de expresión, es un debate sobre la estupidez de quienes atribuyen valor a los actos de un muñeco de ficción.

Tampoco es un debate sobre el respeto a las víctimas del terrorismo: respetar la memoria de las víctimas es reconocer el valor de la vida humana y la gravedad de los actos de terrorismo. No se respeta a las víctimas cuando se compara un acto de terrorismo real con un cuento. Un poco de seriedad.

El 20 de octubre de 2011 ETA abandonó definitivamente su actividad terrorista. Acabaron los muertos. No es necesario un recuerdo detallado de los actos atroces que se llevaron por delante a tanta gente para saber distinguir lo que sí es terrorismo de lo que no lo es. Por respeto a las víctimas, no deformen la realidad y no conviertan en terrorismo un juego de muñecos de trapo.

Quienes faltan al respeto a las víctimas son los mismos que reducen su dignidad y su memoria a un trozo de trapo. No sean estúpidos y muestren un poco de respeto. A las víctimas y a sus familiares, no a los muñecos.


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