El Viernes Santo sale en procesión en Madrid la Archicofradía Primaria de la Real e Ilustre Esclavitud de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Junto a Jesús de Medinaceli, conocido como El Señor de Madrid, procesionan los esclavos de Jesús vestidos con el hábito de nazareno, formado por una túnica y capirote morados. 

A esta procesión, la que más fieles congrega en la Comunidad de Madrid, pueden unirse todos los devotos que así lo quieran, siempre que lleven cadenas o alumbrados, sin ser necesario que necesario porten el hábito oficial. En este paso colaboran devotos de todas las ciudades de España, incluso de otros países y nacionalidades.

El trono en el que se encuentra Jesús de Medinaceli, también llamado Cristo de Medinaceli, tiene un peso de tres toneladas y media, y tiene cuatro metros de altura. Cada una de las cuatro esquinas tiene un ángel que sostiene los candelabros de guardabrisas. Este trono fue tallado en madera y policromado de la mano del artista Francisco Palma Burgos alrededor del año 1944 y ser arrastra con las ruedas de las que dispone.

La imagen incluida de Nuestro Padre Jesús de Medinaceli es una talla perteneciente a la escuela barroca sevillana y es de principios del siglo XVII. El encargado de elaborarla fue Juan de Mesa, y en su construcción colaboraros dos de sus discípulos, Luis de Peña o Francisco de Ocampo. Los Padres Capuchino de Sevilla fueron los que pidieron su creación, para que fuera enviada a la colonia española en África denominada como La Mamora. En esta localidad estuvo alojada la imagen hasta 1682, que es cuando volvió a España. 

Más tarde, en el año 1937, la imagen fue traslada a Suiza, donde formó parte de una exposición de obras de arte de la Sociedad de Naciones. De este modo, no sufrió ningún tipo de daño durante el conflicto civil acontecido en España entre los años 1936 y 1939. Estos años fueron una etapa dura para la imaginería, ya que se perdieron una considerable cantidad de obras. Por suerte, los padres Capuchinos permitieron el regreso de esta en particular una vez terminada la guerra. 

El escultor encargado de elaborarla quiso plasmar el sufrimiento a través de la mirada, además de la posición curvada que adopta, lo que es señal de dolor. El cabello está tallado, pero es ocultado por una peluca hecha de forma natural.

El cristo tiene a su disposición más de treinta túnicas, entre las que se incluye un regalo del rey Francisco de Asís, hecha en el año 1846, además de tres coronas, una de ellas de plata sobre oro, otra de espinas naturales y una tercera y última de oro macizo con incrustaciones de piedras preciosas, hecha por unos joyeros de Madrid precisamente, en el año 1956. 


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