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El pasado viernes se representó en el Teatro Philips de la Gran Vía madrileña la última función de Germinal, el musical basado en la novela número trece de la serie de veinte que en 1885 escribió Émile Zola.

A la entrada de la función una joven de 15 años, Andrea, observa a su alrededor con mirada entre curiosa y exaltada y le pregunta a su madre por el significado del título de la obra. Germinal es el séptimo mes del  calendario republicano, el mes de la germinación; su etimología latina, germe, también expresa el elemento de la herencia.

Un musical en concierto sinfónico de la mano del Liceo de Moguer, con más de 140 personas en escena entre actores, bailarines y músicos.  Sus dos protagonistas, David Romero y Virginia Carmona, interpretan de manera impecable una concepción actualizada del musical como medio de denuncia social de la miseria de la clase trabajadora.

Germinal cuenta la historia de Etienne Lantier, hijo de Gervaise  Macquart, un joven obrero inteligente y sincero. Obtiene trabajo en un pueblo minero en el norte de Francia y se aloja en casa de la familia Maheu. Inspirado en los conocimientos extraídos de la teoría política de Marx, lucha por la emancipación de la clase obrera; impulsa a los  mineros a la huelga; y aunque mal preparado para la lucha social, trata en vano de organizarla. El hambre conduce  a los obreros a la violencia. Muere el padre Maheu. Retoman el trabajo, pero un anarquista ruso inunda la mina bloqueando a algunos mineros en el fondo, incluyendo a Etienne y a Catherine Maheu, quien muere ahí mismo concluyendo de modo trágico la trama sentimental.

No ha resultado facil el proceso de creación musical, un proyecto sin duda ambicioso, habida cuenta de que se parte de una obra cumbre que se convirtió en un eficaz instrumento de significación en general reconocido. Su título  fue transformado en lema y repetido acompasadamente en coro por los obreros que acompañaron el féretro de Zola al cementerio de Pere Lachaise, donde descansan los restos del autor. Personas de renombre como Mike Ashcroft, coreógrafo de Les Miserables Broadway; Juan Ruesga, premio Max a la mejor dirección escénica o Virginia Carmona, solista de Les Miserables España, han hecho posible que la obra siga sembrando inquietudes y conquiste nuevos territorios, también entre los más jóvenes.

En el musical Germinal mantiene su vigencia y sigue cautivando nuevos interlocutores. En el descanso la impresión del púbico es la de Zola asequible en do mayor. Ha terminado el elenco con un “sí se puede” puño en alto que a Zola lo dejaría boquiabierto. Y a la madre de Andrea también. El resultado es vistoso y el mensaje llega al público con la emoción de unas voces increíbles.

Germinal refleja las fracturas de la sociedad actual. Fracturas que lamentablemente, hoy día, no han sido restauradas: en muchos países, el tema de los obreros y las obreras de la mina sigue tan vigente como lo pintara Zola en su tiempo convulso. La mina, la huelga, la  miseria, el socialismo, la miseria,  la  revuelta, todos los elementos  de la novela están en las voces de los actores.

Por otra parte, merece reconocerse el buen trabajo de caracterización de los personajes y la puesta en escena asociada con el color blanco de la espuma y la saciedad ajena al negro del carbón en las entrañas de los hombres y mujeres, que sufren  y luchan de igual manera, sumidos en el negro espacio pintado con sombras de miseria, hambre, frío y hambre. Pero se tiñen de rojo de sangre que se inflama y hierve, de ímpetu y de violencia, rojo del fuego de la destrucción; un proceso cromático simbólico necesario y muy bien ejecutado que da lugar  paulatinamente a los colores de la germinación, apenas entrevistos, los tenues verdes de la primavera iluminada por dorados rayos de sol que alumbran tímidamente la germinación de un futuro mejor, y el advenimiento de una nueva generación de hombres y mujeres libres.

Germinal está animada por el principio de revolución. Trata de la revolución política y del pueblo; denuncia la injusticia social; da una visión a la vez trágica, realista y épica del mundo del trabajo y de la lucha de clases. Pero este Germinal musical aparece desprovisto de la trama propiamente decimonónica, no hay rastro de la complejidad naturalista. Personajes simplificados, “tipo” emprenden la lucha individual y colectiva acompañados de un espectáculo musical grandioso pródigo en clímax que casi no deja recomponerse al espectador. Es sencillo, llega el mensaje, conmueve, el público sale emocionado. Y funciona muy bien.

Andrea y su madre salen de la función felices y visiblemente emocionadas. Se hacen tomar varias fotografías con los actores. Son para ellos la mayor satisfacción después de un trabajo bien hecho.

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