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En plena calle Embajadores, en el centro de la capital madrileña, encontramos uno de los edificios más míticos de la ciudad: La Tabacalera. Se trata de dos espacios divididos (uno de ellos auto gestionado) que dan rienda suelta al arte y la cultura en todos los sentidos y que están cargados de historia y creatividad.

La denominada ‘Tabacalera’, fundada en 1790, fue un ejemplo de arquitectura industrial del siglo XVIII. La construcción de esta fábrica se llevó a cabo debido a la necesidad de crear un sitio para los productos españoles estancados: licores, aguardientes, barajas de juegos y papel sellado. No obstante, con los años, la fábrica se ha reformado, modificado en varias ocasiones y también se ha visto inmersa en polémicas que derivaron en un cierre temporal del edificio, y que, tras diez años, en 2007 volvió a reabrirse con fines culturales y lúdicos.

Actualmente, la antigua fábrica de tabacos de Madrid se ha dividido en dos partes. Una de ellas, ‘Tabacalera Promoción del Arte’, es gestionada por la Subdirección de las Bellas Artes del Ministerio, donde se desarrollan diversas exposiciones y actividades en torno a las artes visuales. El resto del edificio, que se cedió en 2012 al Centro Social Auto gestionado La Tabacalera de Lavapiés por parte del ministerio, también da cabida a actividades culturales como recitales de poesía, cursos de fotografía o conciertos. Se trata de dos espacios con una esencia común, el arte, pero totalmente divididos.

Concretamente, el LTBC es un centro social que tiene como misión impulsar el arte con la participación y gestión directa de los ciudadanos. En él conviven la danza, la música, teatro, conferencias, reuniones y talleres, todos de carácter público y gratuito. Este espacio cultural a pie de calle intenta abarcar la creación artística, el pensamiento crítico, la acción social y la difusión de ideas. Además, es un espacio que ofrece diversas oportunidades de encuentro entre los ciudadanos y acepta la responsabilidad de afrontar sus inconvenientes, auto gestionándose.

La selección de la programación, de los presupuestos, el establecimiento de turnos y el mantenimiento se realiza de manera colectiva y abierta en las asambleas que hay cada 15 días (los lunes a las 20:30, en la Sala Sin Jefe) Cualquier persona puede formar parte colectivo LTBC. En algunos casos, ciertas actividades o proyectos necesitan generar sus propios recursos económicos para ser sostenibles. Es por esto que a veces, y tras la aprobación de la asamblea, existen actividades que ponen en marcha ‘proyectos de autoempleo’ y que establecen distintos sistemas de intercambio, entre los que a veces se incluye el dinero como mecanismo de retorno.

Desde que comenzara en 2012, ha sido un espacio abierto para todo tipo de personas, invitando a participar a los diferentes colectivos y ciudadanos en el gran proyecto. Es por esto que los visitantes e integrantes de LTBC conforman un grupo social muy rico y ampliamente diversificado. Ha conseguido construir su propio mini ecosistema apostando por la convivencia intercultural, interracial, intergeneracional, de géneros y excepciones sexuales y, en definitiva, apostando por la heterogeneidad de mentes.

En lo que a la estructura del edificio se refiere, su arquitectura industrial da una sensación de siglo pasado, pero a su vez cada pintura de esas paredes es apreciada por todo aquel amante del arte contemporáneo.  Otra de las cosas que más se valora de este lugar son sus actividades donde tanto extranjeros como nacionales valoran a pesar de ser gratuitas, sobre todo las relacionadas con la música, los idiomas, deporte, el baile y la artesanía.

Sin embargo, lo que verdaderamente prima y posee gran valor para la gente, no son ni las pinturas ni sus actividades, es la capacidad para reunir a gente de distintas nacionalidades, creando un ambiente multicultural, donde hasta el alumno de Erasmus consigue integrarse.           
No obstante, pese a todas las actividades culturales que ofrece al alcance de cualquier persona, mucha gente relaciona a este espacio con determinados movimientos sociales, (como el 15-M) o con determinados grupos sociales. En muchas ocasiones, la Tabacalera ha sido acusada de ser un lugar de reunión de gente anti-sistema muy radical, e incluso de ser un lugar de ocupas. Sin embargo, simplemente es un lugar social que pretende mejorar las condiciones de vida de sus barrios, garantizar el respeto de los derechos sociales y las libertades, además de fomentar los valores de cooperación, igualdad y desarrollo participativo.

El Centro Social Auto gestionado La Tabacalera es, en definitiva, lo que podemos considerar una de las cunas del ‘artivismo’ (acciones reivindicativas a través de la pintura, escultura, carteles…etc), la mezcla perfecta entre arte y libertad de expresión y pensamiento. Es un lugar público donde puede ir todo el mundo desde niños y jóvenes hasta personas mayores.
                

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