Las tecnologías son beneficiosas para el ser humano hasta cierto punto, como dice el moderno dicho “nos acercan a las personas que están lejos y nos alejan de las que están cerca”, así lo ha determinado un estudio publicado por el New York Times, en donde se concluye que el uso exagerado del Smartphone y de las redes sociales acarrea aislamiento social, provocando en el organismo desequilibrios emocionales, ansiedad, y depresión.
 

El estudio asegura que desde los años 80 hasta la fecha el incremento de descontroles físicos, mentales, y emocionales ha aumentado en un 40%, también se ha determinado que las personas entre 65 y 85 años tienden a vivir solas desvinculadas de sus familias, o dicho más cruelmente abandonadas y olvidadas por la sociedad. Las tecnologías han hecho mucho por nosotros, pero no debemos olvidar que no son el centro del mundo y que todos los excesos son malos, hay vida más allá del móvil y las redes sociales.
 
El ser humano no está naturalmente capacitado para la vida en solitario, por el contrario, está hecho para la vida en común como forma de garantizar su supervivencia, varios expertos aseguran que la sociabilización con los semejantes es tan vital para el organismo como lo es el alimentarse, dormir, o practicar alguna actividad física. Cuando una persona está sometida por distintas causas al aislamiento social, hace que se sienta sola desencadenando una elevación de las hormonas relacionadas con el estrés, lo que a su vez genera trastornos en el sueño y alteraciones en el sistema inmunitario.
 
Otras consecuencias de este aislamiento es la inflamación de vientre, manos, y pies, aumento de las probabilidades de sufrir un infarto u otros tipos de problemas cardiovasculares, metabolismo lento, y riesgo de muerte prematura (menores de 28 años)
 
El principal problema es que las personas que se siente solas, incluso aunque estén rodeadas de personas, amigos, familiares, y pareja, no suelen reconocer que padecen este sentimiento. Lo primordial en estos casos es auto reconocerse a sí mismos y consultar con un especialista, en especial a un psicólogo o psiquiatra.




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