La madrugada del sábado 25 al domingo 26 de marzo se realizará el cambio al horario de verano, esto quiere decir que los relojes se adelantan una hora y, por tanto, dormiremos una hora menos. A las 2:00 serán las 3:00 horas.

«Este cambio que a los adolescentes y adultos menores de 50 años no les costará asumir afectará en especial a las personas con demencias, también a niños y a personas mayores», explica el Dr. Francisco Valenzuela, neurólogo especialista en Trastornos del Sueño del Instituto de Neurociencias Avanzadas de Madrid (INEAMAD) del Hospital Nuestra Señora del Rosario.



Las personas con demencia suelen ser también personas mayores, factores clave que hacen que disminuya la producción de melatonina, la sustancia natural del cuerpo que determina el ciclo sueño-vigilia. Según el Dr. Valenzuela «la mitad de los pacientes con demencia tienen una disrupción severa en su ciclo vigilia-sueño».

La luz es un factor determinante. Hay más horas de luz lo que provoca que los horarios de levantarse y acostarse varíen lo que desestabiliza, sobre todo, a las personas con demencia que tienen unos horarios controlados y a los que les es más difícil comprender porque se lleva a cabo este cambio horario: «Lo que en adolescentes y personas hasta 50 años sanas puede ser un periodo de adaptación de 2-3 días, en personas con demencia, niños y mayores, puede durar entre 7-10 días».

Los síntomas que se pueden experimentar a consecuencia del cambio horario son:

– dificultad para conciliar el sueño
– somnolencia excesiva diurna
– fatiga
– disminución diurna de la alerta con quejas somáticas, como malestar general y gastrointestinal o micción frecuente
– dificultad de concentración
– disminución de la atención
– irritabilidad
– ansiedad que puede desencadenar en una alteración en la funcionalidad diurna 
– desorientación cuando hablamos de pacientes con demencia.




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