Cómo recientemente se festejo el Día Internacional de la Danza os contamos que este arte tiene inimaginables capacidades curativas, y además de ello al liberar endorfinas aumenta el estado de felicidad.
 
 
El baile ha estado presente desde los inicios del hombre, cada cultura ha adoptado una forma específica de moverse al ritmo de una melodía, formas que han ido evolucionado y transformándose con el paso del tiempo. Hoy el zumba y los ritmos latinos caribeños causan furor en todas las discotecas, el mismo que alguna vez causó el Charleston entre otros tantos.
 
No solo es cuestión de cultura popular sino también de ciencia, diversos estudios han demostrado que a través de estos movimientos el hombre emite señales honestas sobre su estado físico y emocional tanto a los del mismo sexo como al opuesto. Mientras que los hombres a través del baile demuestran su fuerza física, las mujeres transmiten información sobre su potencial reproductivo, es por ello que los hombres al bailar mueven más la cabeza, cuello, torso, hombros y brazos mientras que el movimiento femenino se concentran en las caderas.
 
La historia ha demostrado que sí existe un lenguaje universal, y ese es el baile, no solo este presente en la raza humana, en los animales también. El baile ayuda al hombre a socializar porque es una expresión que emerge de una comunidad, diversos científicos argumentan que si te sabes los pasos de un baile de moda es porque tienes los códigos para pertenecer a esa sociedad y por lo tanto un sentimiento de pertenencia a esta.
 
Los científicos constantemente se preguntan ¿Por qué bailamos? Y la respuesta es muy sencilla y natural, para soltarnos y expresarnos, el baile en pareja no solo sirve como acto de cortejo, también ayuda a curar y a cumplir una función de cohesión social, generando en la pareja una sensación de calidez, calma y cercanía, lo que a su vez dispara endorfinas u ‘hormonas de la felicidad’.
 
También se ha demostrado empíricamente que las personas que tienden a bailar más seguido son más tolerantes al dolor, determinándose que la sincronía del ritmo con el movimiento del cuerpo tiene un efecto analgésico que supera en 30 veces al efecto de la morfina.
 
¿ya bailaste hoy? ¿qué estas esperando? ¡A bailar que las penas se van bailando!




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