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La tumba de María Zambrano llega este miércoles y hasta el 11 de febrero al Teatro Valle-Inclán con un texto en el que se combina la poética de la autora con imágenes y en el que se recupera la voz, a través de archivos sonoros, de una de las más importantes escritoras de la Generación del 27.

Escrita por Nieves Rodríguez y dirigida por Jana Pacheco, las autoras han descrito esta obra como “una especie de realismo mágico” en la que se lleva la filosofía de Zambrano a escena. “Queremos sentarnos en este espacio de asamblea para pensar y mostrar a la filosofía como resolución de conflictos”, ha señalado Pacheco.

Rodríguez ha señalado que, desde el principio, en la elaboración de esta obra no había “una vocación biográfica”, pese a que sí tienen importancia personas clave en la vida de Zambrano, como su padre –maestro en la II Républica– o su hermana Araceli, de quien se separó al irse con su marido a Chile y retomó el contacto tras morir su madre.

También los gatos, tan importantes en la vida de la autora –que fue expulsada de Roma por dar de comer a estos animales en la calle–, tendrán una presencia clave en la obra a través del audiovisual. “Pero todos estos datos biográficos quedan bajo la pátina de lo que ella llamaba la tragedia de Occidente: escindir la filosofía de la literatura”, ha apuntado.

La elección de la figura de Zambrano tiene, por un lado, una “razón poética”, pero también política. “No se puede olvidar la importancia del exilio o la pedagogía de la II República, por lo que esta decisión es política al recuperar a la autora y poética en su puesta en escena”, ha defendido Pacheco.

“No he sido presa de la Historia, de hecho hay intertextualidad en la obra, en especial con La tumba de Antígona –título que se aprovecha en esta ocasión–, una tragedia sui generis que puede ser un ensayo o un poema en prosa y que pone de relieve el vanguardismo de Zambrano”, ha señalado.

Rodríguez considera La tumba de María Zambrano una “antesala” para conocer la obra completa de la autora, ya que no cree que en un solo texto pueda compilarse todo su pensamiento. “Hemos intentado que esta obra pueda dirigirse tanto a adolescentes como a adultos”, ha matizado Pacheco, quien ha recordado la presencia de dos niños en partes de la obra para “lograr esa empatía” con el público adolescente.

En escena, los actores –encabezados por Aurora Herrero como la propia Zambrano– no solo dependerán de la palabra, sino también de “la dramaturgia del cuerpo”. “Hay mucha simbología y trabajo de la imagen”, ha destacado Pacheco, quien también ha incidido en la dificultad de trabajar con un texto en el que “no hay tiempo”. “No hay un uso de la fábula de principio a fin”, ha apuntado.

La tumba de María Zambrano coincidirá en cartel con otra puesta en escena del Centro Dramático Nacional centrada en filósofos: Voltaire y Rousseau. “Si los políticos si fijaran más en la filosofía que en la economía, habría mejores personas. A veces nos olvidamos de lo útil que es beber de ella”, ha concluido la directora.