/ 5 mayo 2021

¡Más madera, es la guerra!

¡Más madera, es la guerra!

Más madera, es la guerra. Ahora parece que la traducción correcta del grito guerrero de Marx (no el de Tréveris, sino el de aquel al  que llamaban Groucho), no era exactamente así, sino que lo que en realidad gritaba era algo así como ¡Traed madera! Según iba quemando todo el mobiliario y hasta los viejos vagones del tren para conseguir alimentar la voraz caldera de vapor. Cosas de la traducción y el doblaje que siempre es, de alguna manera, traición.

Como en la encantadora novela de José Saramago, Historia del cerco de Lisboa, el cambio de una sola palabra, un No por un SI, un SI donde debía haberse escrito un NO, puede hacer que la historia cambie, que una ciudad se pierda, se reconquiste, o se mantenga cercada durante décadas.

De esa forma el ¡Traed madera!, convertido en un ¡Más Madera!, adquiere un sentido mucho más guerrero, dónde va a parar. Una parte de la izquierda así lo entendió y concluyó que la vida adquiría sentido forjándose en la batalla. La batalla por la batalla. La gimnasia revolucionaria, la revolución permanente, inacabada, siempre inconclusa y traicionada.

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Y cuidado, no seré yo quien diga que no hay que mantener una actitud de movilización permanente. Muy al contrario. Cada día me sorprendo más irascible contra la hipocresía y la injusticia. Sin movilización, sin participación, sin reivindicación, las cosas se estancan, se adocenan, terminan por corromperse y un impune olor a podrido lo inunda todo. Participar, debatir, manifestarse, es muy importante para la buena salud democrática. Sobre todo si quien tiene que escuchar, escucha y atiende a las demandas de la gente.

Pero tan importante como la movilización, es la reflexión, el pensamiento, la  propuesta, la escucha, el debate, la negociación, el diálogo y, siempre que sea posible, el acuerdo. Esta cultura del diálogo, del Traed Madera para alimentar el fuego que a todas y todos debe calentarnos, ha sido sustituido, durante demasiado tiempo, por el Más madera, que todo hay que incendiarlo.

Hay cosas con las que hay que ser intransigentes: La corrupción, el meter mano en lo que es de todas y todos; la violencia, cualquier tipo de violencia, pero especialmente la ejercida contra quien es más débil y no puede defenderse; la injusticia de los poderosos que condenan a la miseria y a la no vida a los Nadies.

Pero salvo ese puñado de cosas, en todo lo demás vendría bien un poquito de por favor y voluntad de diálogo. No sé, es sólo una opinión, no se enfade nadie. No insulte, por favor.

Francisco Javier López Martín

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