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El grupo Atresmedia ha adquirido los derechos de “El cuento de la criada” (“The Handmaid’s tale”) en España para emitirla en abierto. La serie que se estrenó en 2017 ha ganado ocho Premios Emmy, dos Globos de Oro, un Premio Peabody y ha sido nominada a un BAFTA. Es considerada por muchos la serie del año en 2017 y con su segunda temporada recién estrenada apunta a seguir siéndolo en 2018.

Se basa en el bestseller de Margaret Atwood, una distopía en Gilead, una sociedad totalitaria que en el paso pertenecía a Estados Unidos. Un régimen totalitario que anula totalmente a las mujeres y las trata como propiedad del Estado establecido tras una serie de desastres medioambientales y una natalidad muy baja.

El primer motivo para verla es este mismo, la serie estará disponible en televisión en abierto, por lo que no es necesario tener una suscripción en Netflix.

La serie ha logrado transmitir la emoción de los libros, pero la imagen y el sonido hacen la historia mucho más rica. Además, ha introducido algunos cambios que han sorprendido a los lectores gratamente, manteniendo la intriga de la trama.

Algunos consideran que la clave de la serie es el hecho de que se trata de una distopía que vemos muy posible. La serie mezcla aspectos de nuestra sociedad, como el descenso de la natalidad y el impacto medioambiental, que bien podrían desembocar en algo similar a Gildead.

El público sabe que va a sufrir viendo un capítulo, pero se engancha del realismo de las imágenes, logra empatizar con los personajes. Además, realiza una férrea defensa de los derechos de las mujeres y los homosexuales. La dureza con la que se les trata hace brotar una profunda indignación en el espectador.

El reparto es uno de sus puntos más fuertes, todas las actuaciones son maravillosas. Elizabeth Moss representa a la protagonista, una criada fértil que es explotada sexualmente para revertir la despoblación. Otra actuación brillante es la de Yyvone Strahovski, cruel esposa del Comandante, que consigue que el espectador se debata entre el rechazo y la ternura hacia su personaje.

Mención especial merecen la luz, la fotografía y la música. El montaje juega con primeros planos que transmiten la angustia de las criadas. La música es esencial para transmitir esta sensación de asfixia y hace que el espectador empatice con los personajes.


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