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Las historias y cuentos populares que aluden a la Comunidad de Madrid son numerosas, desde crueles asesinatos a manos de los mozárabes hasta la mujer muerta de la montaña. Una de las leyendas más famosas en San Lorenzo del Escorial, pero desconocida por muchos madrileños, es la del perro negro y la puerta del infierno.

El Monasterio de San Lorenzo El Escorial es una de las construcciones más importantes del cristianismo en Madrid y en España. Felipe II construyó el Monasterio como resultado de una promesa que hizo a la divinidad tras la victoria en la batalla de San Quintín. Sin embargo, se trataba de un proyecto ambicioso, el Monarca recabó información sobre las construcciones cristianas europeas más grandes y trató de superarlas.

La elección de El Escorial tuvo que ver con que años antes del inicio de su construcción, en 1563, Madrid se había establecido como capital del Reino (1554) y con la climatología de la Sierra, con temperaturas frescas en verano. Sin embargo, la leyenda cuenta que Felipe II eligió el municipio madrileño porque conocía la historia popular que afirmaba que allí había una serie de galerías que llevaban a una puerta al mismo Infierno. Esta leyenda medieval cuenta que Lucifer vivió a los pies del Monte Abantos, en la Sierra de Guadarrama justo antes de ser desterrado al infierno. Cuando eso ocurrió, creó siete puertas para acceder allí, una de ellas donde se ubicaría el Monasterio.

Según escritos de la época, una tormenta que recibió al equipo de técnicos del Rey Felipe II fue determinante para el establecimiento de la construcción donde hoy se ubica. Cuando los enviados llegaron, varios rayos cayeron sobre la zona, lo que se pudo interpretar como una respuesta del mismo demonio por la intención de construir un Monasterio sobre una de sus puertas. El Rey finalmente habría decidido establecer allí su templo con el fin de mantener la puerta del Infierno completamente cerrada.

A esta historia se suma la leyenda del perro negro. Durante la construcción del templo, cuentan las historias populares que un perro negro acechaba constantemente a los obreros, como si estuviera protegiendo el lugar, y que incluso llegó a intentar atacar a la comitiva de Felipe II. Este perro se asocia a una materialización del propio Lucifer, que estaría protegiendo su puerta. Cuenta la leyenda que incluso las obras se pararon en varias ocasiones por temor al animal, que finalmente fue capturado, asesinado y colgado de una torre durante varios días.

Sin embargo, entre los numerosos escritos de Felipe II no hay ninguno que registre su interés por estos fenómenos. Aunque otros textos afirman que el Rey, cuando se retiró al Monasterio para morir, seguía escuchando los ladridos del perro negro. Las leyendas siguen hoy circulando por el pueblo y los alrededores del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial y la duda acerca de si la puerta del Infierno está realmente allí y si se consiguió cerrar continúa sin resolverse.


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