El pasado 29 de octubre se celebró el Día Mundial del Ictus, que es la principal causa de discapacidad en el mundo (en España la cifra es de más de 330.000) y la segunda de muerte (la primera entre la mujeres), con datos superiores a los fallecimientos por causa del cáncer.

En España, cada año se producen entre 110.000 y 120.00 nuevos casos de ictus (el 85% de ellos isquémicos). Esto representa una mortalidad de más de 27.000 personas anualmente, siendo más de 16.000 mujeres, según datos de la Sociedad Española de Neurología a fecha de 2018.



Existen dos tipos de ictus. Los isquémicos se producen por una obstrucción de una arteria cerebral. Mientras que los hemorrágicos se deben a la rotura de una de estas arterias.

“Existen medidas que pueden evitar la aparición de un ictus o bien posibles ictus de repetición, medidas que es prioritario que la población conozca” explica el Dr. Francisco Gilo, neurólogo responsable de la Unidad de Ictus del Instituto de Neurociencias Avanzadas de Madrid (INEAMAD) , del Hospital Nuestra Señora del Rosario. De acuerdo con la institución hay 9 medidas para prevenir el ictus que son fundamentales: 

Medidas preventivas

Control regular de la presión arterial: las arterias sometidas a presiones altas tienden a deteriorarse, endureciéndose y engrosándose, lo que favorece su oclusión. 

Medicación en caso de fibrilación auricular: la fibrilación auricular es el tipo de arritmia cardiaca más frecuente que impide una contracción efectiva de las aurículas, lo que puede llevar a producir coágulos que terminen en ictus. 

Control de la arterioesclerosis: implica que las paredes de las arterias carótidas se engruesen. Para controlarla puede recurrirse a su limpieza quirúrgica o a la implantación de una prótesis tipo stent. De este modo se restablece un flujo sanguíneo adecuado en su luz y se previene la aparición de un ictus.

Control efectivo de la diabetes: uno de los efectos que provoca la diabetes es el daño arterial. La hiperglucemia está asociada a mayores daños cerebrales cuando se produce un ictus.

Control del uso de anticonceptivos y terapia hormonal postmenopáusica: las hormonas externas que contienen estos tratamientos favorecen la coagulación de la sangre y, por tanto, de la formación de trombos que pueden llegar al cerebro y otras regiones del cuerpo como los pulmones.

Precaución con las manipulaciones cervicales: éstas son una causa frecuente de isquemia en personas jóvenes por un mecanismo denominado disección arterial, la rotura de la pared de una arteria del cuello previamente sana.

No al consumo de drogas como la cocaína: tienen un efecto vasoconstrictor. Esto conduce a una excesiva contracción de la musculatura de las paredes de las pequeñas arterias del cerebro, favoreciendo su cierre y la resultante isquemia.

Evitar la hipercolesterolemia: los altos niveles de colesterol LDL hacen que esta grasa se instale en las paredes arteriales formando placas que obstruyen las arterias vasculares pudiendo provocar un ictus isquémico. 

Consumo moderado de alcohol y no al tabaco: incluso los fumadores pasivos se ven afectados por un deterioro a nivel arterial.

Detección temprana del ictus: síntomas

Cada vez se dispone de más tratamientos para actuar en el momento agudo en el que se presenta la enfermedad. En esta fase el tiempo es crucial para intentar revertir o minimizar los daños cerebrales que puede ocasionar el ictus. “Además, conocer los principales síntomas es básico también para poder actuar lo antes lo posible, con el objetivo de que las secuelas sean las mínimas o, incluso, ninguna”, matiza el Dr. Francisco Gilo.

Los principales síntomas que deben alertar a la población de que se está presentando un ictus son tres:

  • Dificultad para hablar
  • Desviación de la boca
  • Pérdida de fuerza en un brazo




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