Tomar la decisión de dejar atrás toda una vida (un hogar, una familia, amistades, un trabajo, una lengua…), buscando un futuro mejor en otro país, requiere de mucha valentía. Volver a empezar desde cero y enfrentarse a una nueva vida con las dificultades que eso implica, prácticamente convierte a los que se embarcan en esta aventura en héroes, en Ulises de otros tiempos que se enfrentan cada día a nuevos retos como encontrar trabajo, ganarse la confianza de la gente, hacer nuevos amigos, adaptarse a una cultura diferente o incluso aprender un nuevo idioma. Solo la ilusión y las ganas de crecer y prosperar pueden superar los complejos obstáculos de toda nueva etapa.

Aquellos que han tenido la suerte de recalar en nuestra comunidad, encuentran una región hospitalaria y abierta, donde muchos antes que ellos han podido encontrar sus oportunidades. Madrid es plural y cosmopolita y sabe abrir de par en par sus puertas y ventanas a todo aquel que quiere establecerse aquí, ofreciendo un rostro humano y amigo y atendiendo a cualquiera que venga de fuera con calor y solidaridad. En Madrid no se pregunta de dónde vienes sino a dónde quieres llegar. En Madrid nunca te sientes aparte sino que formas parte de ella. De Madrid se llega a ser, no se nace.



Es este carácter, del que Madrid sin duda debe sentirse muy orgullosa, lo que propicia a los que llegan una excelente integración, tranquila y silenciosa en la mayoría de los casos. Una integración que para que sea completa, solo echa en falta un ingrediente que no siempre está presente, la implicación política en temas que afectan directamente a su vida diaria. Es esta implicación la que permite tener poder de decisión sobre la gestión de los impuestos, el cuidado y bienestar de nuestros mayores o la educación de nuestros hijos, la vivienda, el transporte, la sanidad, la seguridad, la cultura, etc.

Formar parte del sistema democrático es un elemento fundamental para una completa integración; participar para elegir a los representantes que tomarán decisiones que les afectarán de una manera tan directa implica responsabilidad, pero es también el más hermoso ejercicio de libertad en cualquier sociedad.

Existen dos grandes grupos de personas de origen extranjero que tendrán derecho a voto en las próximas elecciones municipales de mayo de 2019: por una lado los casi 300.000 europeos de la Unión que actualmente residen en la Comunidad de Madrid y por otro los más de 150.000 extranjeros de países que tienen convenios de reciprocidad con España (Colombia, Ecuador, Perú, Paraguay, Bolivia, Chile, Cabo Verde, Noruega, Nueva Zelanda e Islandia).

El requisito básico para poder votar en ambos casos es aparecer en el censo electoral y para figurar en él, deben manifestar su intención de voto rellenando el correspondiente formulario en la Oficina del Padrón municipal antes de final de año.

Quisiera aprovechar esta tribuna como un espacio de reflexión para animar a los extranjeros con derecho a voto a que se inscriban en el censo. Es importante inscribirse porque es muy importante votar. Participar mediante el voto significa existir, sumar, decidir, formar parte de manera completa de la sociedad en la que vives.

Madrid está llena de historias de gente que vino de fuera haciéndola crecer, manteniendo el dinamismo de nuestra región y generando nuevas oportunidades para todos, transformándola y haciéndola más heterogénea y diversa. Pero que esta siga siendo una tierra de igualdad requiere un esfuerzo compartido y es que, como dijo Cicerón “Ubi bene, ibi patria”. Tu patria está donde te encuentras a gusto.




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