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No es ninguna sorpresa: los atascos y los retrasos para ir al trabajo, a la universidad o al médico se repiten una mañana tras otra en Madrid.

Desde principios de los años 90, cuando vivía en Villalba, la procesión de caras conocidas y hastiadas durante la peregrinación a la capital se repite hasta hoy de manera inmisericorde. Da igual que la aproximación sea a la altura de El Molar en la A-1, desde Navalcarnero en la A-5 o en los túneles de El Pardo en la M-40.

La situación no mejora al alcanzar la ciudad: un carril en Alberto Aguilera, ratonera diaria en Atocha y Gran Vía, colapso en José Abascal… Y por si fuera poco, la ventaja que suponía el transporte público se ha ido por la borda por la catastrófica gestión de un metro sin trenes ni maquinistas, que ya no vuela, de un Cercanías convertido en una yincana de recorridos saturados y trenes averiados y por ocurrencias de Manuela Carmena como el cierre improvisado del centro.

Como madrileño, resulta frustrante que ni partidos políticos ni administraciones públicas hayan sido capaces de sentarse a una mesa y de planificar la movilidad para conseguir el mejor transporte público posible, un logro que redundaría en la calidad de vida de todos.

El crecimiento del Cercanías, la construcción de las radiales de peaje (quebradas primero y rescatadas después con el dinero de todos), la puesta en marcha del efectivísimo carril bus-VAO de la A-6 o la construcción y remodelación de los intercambiadores de transporte se acometieron de forma aislada, sin integrarlos en un modelo movilidad autonómico que potenciase los medios colectivos, redujese la contaminación y desplazase, por inercia y no mediante prohibiciones, al vehículo privado.

Una de las primeras medidas que Ciudadanos puso sobre la mesa al empezar esta legislatura fue la creación de un Plan Estratégico de Transporte que optimizase nuestros recursos, mejorase las frecuencias de los autobuses interurbanos, potenciase el Cercanías y devolviese a Metro el esplendor que los recortes y la mala gestión le han arrebatado. Y todo ello debía hacerse, por descontado, contando con los municipios de Madrid.

Pero esto no es suficiente. Por eso, no hemos dejado de exigir inversiones en infraestructuras y accesibilidad en Cercanías, hemos aumentado los fondos dedicados a Metro presupuesto a presupuesto y continuamos trabajando para crear un sistema de carriles bus-VAO y parkings disuasorios modernos, eficaz y sostenible.

¿Que nos encontramos enfrente? Una Triple Entente formada por PP, PSOE y Podemos, a quienes les ha parecido más rentable pelearse por demostrar que el Metro está más arruinado que Renfe o que la gestión de los anteriores es peor que la de los autobuses de la EMT.

Por el camino, ignorados, se han quedado enterrados los problemas de los madrileños, que se desesperan atrapados en una ratonera diaria al ver que quienes gobiernan no solucionan sus problemas.

La Triple Entente está jugando con el presente y el futuro de millones de personas. Sin embargo, sentarse a dialogar y proponer soluciones realistas como ha hecho Ciudadanos no les parece una opción, porque si no hay enfrentamiento, ¿de qué alimentarían sus discursos?

En Ciudadanos no vamos a caer en las eternas disputas de los viejos partidos. Por eso, vamos a salir a ganar en las próximas elecciones y a darle a los madrileños las soluciones que llevan años pidiendo. Esta es nuestra invitación. Es nuestra política útil.