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Desde el viernes pasado, un gran número coches de madrileños no pueden entrar en lo que el Ayuntamiento de Madrid ha llamado Madrid Central, una especie de paraíso comunista del Medio Ambiente y algo muy propio de la ideología leninista que gobierna el Consistorio madrileño.

Un paraíso comunista, dicho sea de paso, nada improvisado pese a lo que crean y digan algunos ilusos. Madrid Central es una acción leninista perfectamente pensada, diseñada y realizada y basada en una supuesta mejora de la calidad del aire que respiran los madrileños.

Una acción de ingeniería social del gusto dela extrema izquierda, disfrazada de argumentos ecológicos y saludables contralos que resulta difícil oponerse de entrada. “La derecha quiere que los vecinos enfermen de cáncer”. Y contra leitmotiv tan demoledor no es fácil luchar.

Madrid Central es una operación en la que, como casi siempre, sale perdiendo la libertad que es el fin de todo este tinglado y que no debería consentirse.

Una operación, por cierto, que empezó hace tiempo con aquellas medidas sobre el control de la velocidad en la M-30 y demás zarandajas que, supuestamente, mejorarían la boina de contaminación sobreMadrid cuando, en realidad, lo que buscaban los dirigentes del Ayuntamiento era que los madrileños se empezasen a acostumbrar a mirar cada mañana lo que el Gobierno de la Ciudad (la élite) había decidido.

El Gobierno de la Ciudad decide lo que debe hacer el ciudadano cada día y el ciudadano debe acostumbrarse a mirar cada mañana qué ha decidido esa élite. Y lo terrible es que los madrileños se empezaron a acostumbrar.

Después vino la reforma de Gran Vía (el contribuyente a pie está indefenso y el coche solo es un símbolo de riqueza). Y más tarde la dirección única de las calles Preciados y Carmen… (era El Muro de Pink Floyd). Pero ya todo empezaba a da igual. Y aunque la gente protestaba por el caos, el caos es otro principio leninista. A peor, mejor.

Y por fin, Madrid Central. Un Madrid Central en el que solo entra quien el Gobierno de la Ciudad quiere. Madrid sigue igual de sucio y mantiene sus mil problemas más (seguridad ciudadana, incluida) pero nada importa. Lo que importa es que el Gobierno de la Ciudad lo controle todo. Es quien decide quién entra y quién no. Incluso, quien puede visitar a los que viven dentro de este nuevo “Muro de Berlín”. Y a más caos, insisto, mejor.

Y es que Madrid Central es ideología, estúpido.

Madrid Central es un ejemplo típico del manual del perfecto comunista, en su edición más leninista. Todo para las masas (en este caso, para velar por su salud). Incluso, le hacen creer que son ellas quienes toman las decisiones gracias a las tecnologías de la información, pero sin que esas masas puedan acceder directamente a las decisiones cruciales de la política. En Madrid, hay mil ejemplos de esto: Desde los presupuestos participativos hasta las votaciones sobre la Plaza de España. Paparruchas. Gobierno de la Ciudad no negocia con nadie.

Madrid Central es el primer paso hacia la Ciudad de la Resignación. Pierde la libertad. Y continuamos a bingo como ganen las elecciones de mayo.

Eso sí, de la mano de una viejecita amable e indefensa y con el beneplácito de un PSOE desideologizado y perdido en manos de un insensato.


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