Imagen: © Roberto García
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El 4 de diciembre del año pasado el Ayuntamiento de Madrid comunicaba a las tres empresas de patinetes eléctricos compartidos que operaban en la ciudad que debían retirar todos sus vehículos en un plazo de 72 horas. El motivo principal de esta suspensión de servicios era el incumplimiento de las normativas de circulación, ya que éstas no se explicaban en las app propias de cada una de las empresas. El caso es que de la noche a la mañana desaparecían estos medios de transporte de las calles madrileñas.

Pues bien, su ausencia ha sido corta, concretamente de poco más de dos meses. El 13 de febrero pudimos volver a ver estos silenciosos “juguetes” aparcados en las aceras de toda la villa. Además, esta vez los habrás visto vivas donde vivas, ya que el consistorio ha dado licencias a un total de 18 empresas, poniendo en circulación 8.600 patinetes. El plazo que tienen para desplegarlos es de dos meses a partir de dicha fecha.

Regresa así una solución de movilidad rápida y ecológica para unos… y una pesadilla para otros. Porque no es ningún secreto que no somos pocos los que hemos sufrido la falta de adecuación de nuestras vías y los pocos escrúpulos de muchos usuarios para que estos nuevos vecinos de dos ruedas puedan circular de una manera considerada con, sobre todo, los peatones.

La normativa es clara, los patinetes eléctricos tienen terminantemente prohibido ir por la acera, los carriles bus o las calles con más de un carril por sentido, pero por desgracia estas reglas rara vez son respetadas. De esta forma, nos encontramos en demasiadas ocasiones con unos dispositivos que alcanzan los 25 kilómetros por hora y que emiten el mismo sonido que una bicicleta sorteando a los transeúntes, la mayoría de los cuales aún no es consciente de que estos patinetes existen.

Ya no sólo hay que mirar mil veces antes de cruzar en un paso de cebra, ahora también se debe mirar detrás de ti por si acaso llega un patinete eléctrico con mucha prisa. Y por supuesto, se acabó el girarte rápido y de improviso para acercarte a un escaparate, quién sabe si un bólido eléctrico tiene intención de adelantarte por la derecha…

Es obvio que la solución no es volverlos a prohibir, no tendría sentido restringir esta posible vía de descongestión del tráfico en Madrid. Pero no es menos obvio que la única manera de garantizar que todo el mundo los usará de manera adecuada es aplicando de forma estricta el código, parando y multando a todo aquel que incumpla las normas que se les han impuesto. A nadie le cabe en la cabeza la posibilidad de ver un coche circulando tranquilamente por la acera. Pues el mismo peligro, o incluso más, supone un patinete eléctrico circulando a toda velocidad por la (en teoría) única zona segura para los peatones en las grandes ciudades.

Si queremos que Madrid sea modelo de convivencia, empecemos por lo básico. Empecemos por el respeto.


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