Foto: Enrique Naranjo (Twitter: @Quique_Naranjo)
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Unos minutos después de las once de la mañana del martes 26 de febrero, unos cuantos semáforos se ponían en rojo por primera vez. Y, ¿dónde está la noticia? Pues en que no eran unos semáforos más. Se trata de los nuevos indicadores luminosos que se han instalado en la autovía de Extremadura, la A-5, en sentido Madrid.

Se han colocado concretamente en el tramo ubicado entre Cuatro Vientos y Batán, en esa zona que, como cualquiera que haya pasado por allí conoce, se encuentra rodeada de viviendas. Unos edificios habitados por miles de vecinos que llevaban años reclamando una solución para sus hogares, hartos de esos “efectos secundarios” que una vía de alta velocidad genera, como la peligrosidad de tener la acera a escasos centímetros de una calzada en la que los coches circulan (circulaban) a más de cien kilómetros por hora o el molestísimo ruido causado por los miles de conductores que cada día van y viene utilizando esa carretera.

Lo cierto es que también desde hace años se intenta remediar la complicada situación, con bajadas continuadas de la velocidad máxima (actualmente es de cincuenta km/h), la colocación de radares o las promesas de soterramiento, pero nunca se había llegado a una medida tan extrema como ésta. Cada día, la A-5 canaliza una cantidad más que notable de tráfico de entrada y salida a la ciudad (se estiman en más de 130.000 los vehículos que transitan diariamente), y no es difícil darse cuenta de los atascos y problemas de movilidad que originarán estos semáforos, especialmente en las horas punta. No es ningún secreto que la medida no ha caído demasiado bien entre los habitantes de localidades como Alcorcón o Móstoles, conscientes del aumento de tiempo en sus desplazamientos que esta medida ya está provocando.

Aunque los semáforos solo llevan funcionando unos días, la realidad es que su colocación estaba en el horizonte desde que en 2015 el PSOE lo propuso como solución, y si nos remontamos aún más en el tiempo, podemos concluir que era una posibilidad que ya se contemplaba desde 2004, cuando este tramo fue declarado vía urbana. Entre medias, muchas propuestas, muchos parches y muchos coches.

A pocas semanas de las elecciones municipales, el Partido Popular ya se ha posicionado de manera frontal contra la medida, llegando incluso Isabel Díaz Ayuso a declarar que el Consistorio de la capital había decidido declarar ‘non gratos’ a los vecinos del sur de Madrid. Y tampoco el PSOE, partido que como hemos comentado impulsó esta solución, está especialmente satisfecho, ya que son muchos los ayuntamientos socialistas en el sur de la Comunidad que se ven directamente afectados por la medida.

Este es, junto con la instalación de un radar de tramo, la primera fase del proyecto del Ayuntamiento de Madrid para remediar el problema enquistado de la A-5. Una primera fase que de momento será la única que se implante, ya que la segunda (que incluiría la puesta en marcha de pasos a nivel para peatones o la ampliación de las aceras) sólo llegaría en caso de revalidar Manuela Carmena la Alcaldía de Madrid.

En apenas dos semanas ya tenemos la polémica servida, con infinidad de incógnitas y alguna certeza, como que los vecinos de Batán ganarán en calidad de vida y los del sur de Madrid tardarán mucho más en llegar a sus compromisos en la capital. Y con unas urnas a la vuelta de la esquina que podrían cambiarlo todo otra vez.


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