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No sé a qué juega Ciudadanos (C’s). Nunca lo supe. Suelen pasar estas cosas cuando no se tiene ideología. El Centro, Albert, no existe en política. El Centro fue un invento de Adolfo Suárez cuando no tuvo más remedio que sacar un conejo de la chistera para seguir y un reinvento de José María Aznar cuando tuvo que superar al “doberman” que vendieron los socialistas. Hechos muy puntuales.  Pero, absolutamente, caducos. Sin embargo, Ciudadanos sigue creyendo en esa entelequia que la situación política actual no admite.

En Cuidadanos votan a favor de una cosa u otra según sopla el aire político de ese momento concreto y eso es un error tremendo en la política actual.

Y si a esa deriva ideológica (lo de liberal es otra broma que indica que ni siquiera saben lo que significa) unen ahora el dedazo que están usando contra su propia democracia interna y, en su defecto, el pucherazo, la cosa se complica un montón.

Ciudadanos después de presumir que VOX se hubiera quedado fuera del Gobierno «moderado y sensato» de Andalucía, viene ahora Rivera y dice que sería bueno que Vox se decidiese a apoyar a Ciudadanos en un futuro Gobierno. Lo que no deja de ser un farol del nueve porque podría ser, exactamente, al revés… Qué Vox se lo pidiese a C’s.

Y podía ser al revés porque Rivera y los suyos no saben lo que quieren y eso se termina pagando. Si a su falta de ideología se une que no sabe lo que quieren hacer, la gente no les va a votar. Nadie se arriesga a entregarles su voto para que luego sirva de moneda de cambio de unos cuantos…

Y Ciudadanos lo sabe. Vaya si lo sabe. Y está asuntado. De hecho, esta misma semana, Ignacio Aguado, que ha estado toda la legislatura votando con los socialistas y podemitas, ahora dice que no va a pactar con ellos y, menos, con el candidato de los socialistas madrileños Ángel Gabilondo. Alucinante. Mientras Begoña Villacís, claro, dice que el veto al PSOE no incluye al Ayuntamiento de Madrid…

A Ciudadanos le da lo mismo la izquierda que la derecha. Solo quiere gobernar. Y se le nota demasiado.

Si a esta indefinición le unimos este disparate de política de fichajes de “talento” a fuerza de “dedazo”, con el que está castigando y humillando a los afiliados que se han estado dejando la piel durante toda la legislatura, la cosa se convierte en un dislate de primer orden que, sin duda, tendrá consecuencias.

Negativas a mi entender.


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