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Ésta es una pregunta difícil de contestar. Solemos sentirnos incómodos y preferimos que nos definan los demás. Y si nos vemos obligados a contestar, por ejemplo en una entrevista de trabajo, ¿por qué lo hacemos de una forma superficial? y ¿por qué suele ser más sencillo identificar nuestros defectos que nuestras virtudes?

Cuando esto ocurre, es que hemos caído en la trampa de nuestras propias creencias: pensar que tenemos defectos, es decir, ¡que somos defectuosos!

Una mesa, una silla o cualquier objeto material puede ser defectuoso, pero ¿las personas?

La palabra defecto tiene una connotación negativa, ya que lo asociamos con algo que no tiene arreglo o en caso de tenerlo, éste es muy difícil. Y al aplicarlo a nuestro carácter, damos por hecho que no podemos cambiar, que no podemos crecer o evolucionar. O lo que es lo mismo, cada vez que pensamos en nuestros defectos estamos enviando el mensaje a nuestro cerebro “No tengo arreglo, no puedo cambiar. No tengo arreglo, no puedo cambiar”.

Esta creencia se arraiga en nuestro subconsciente y va creciendo y creciendo porque la estamos “alimentando” continuamente. Entonces nuestra Autoestima baja y poco a poco vamos entrando en la espiral de la frustración…

En cambio si pensamos que cada uno de nosotros somos únicos e irrepetibles, la etiqueta “defecto” empieza a sonarnos un tanto absurda. Entonces, ¿por qué se utiliza tanto de forma coloquial? ¿Existe algún interés social en que no evolucionemos, en que no nos desarrollemos a nivel personal?

Cada uno de nosotros posee grandes potenciales, pero también áreas de mejora (no defectos), asumir y trabajar dichas áreas de mejora es el único camino hacia el desarrollo personal, hacia la autorrealización.
De esta forma nos sentiremos orgullosos de nosotros mismos, de todo lo bueno, pero también de todo aquello que nos falta por desarrollar, porque lo habremos identificado y estaremos trabando en ello.

Pero también somos todo aquello que pensamos, que sentimos y a lo que le damos realmente valor. Identificarlo es fundamental ya que conocernos bien es el primer paso para aceptarnos y querernos.

Solamente cuando decidimos enfrentarnos a nosotros mismos, a tomar conciencia de nuestras emociones, de nuestros potenciales y de nuestras áreas de mejora, podemos asumir la responsabilidad de llevar las riendas de nuestra vida.

Ese es el verdadero reto, el viaje que un día u otro todos debemos emprender. El mejor viaje que puede realizar el ser humano, aunque en ocasiones resulte una verdadera Odisea…

Montse Martínez. Formadora de Comunicación e Inteligencia Emocional.


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