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«Ahora está de moda convertir los locales en vivienda». Una frase recurrente en los últimos tiempos que alude a una realidad social que, más que a una tendencia, apunta a una clara precariedad económica. En Madrid no hay quien viva. Alquilar o comprar un local puede costar hasta un 50% menos que adquirir un piso. Baratos, sí, pero, al fin y al cabo, locales, no viviendas. Vivir en un local comercial no es más que la única solución para muchos que no pueden pagar una vivienda, a la par que la oportunidad para aquellos que han sabido apreciar la carencia de oferta en la capital.

Una tendencia que, además de precaria, contribuye a esta escalada de precio a la que incluso los más optimistas no vemos fin. El Ayuntamiento de Madrid ha aprobado 778 cambios de locales comerciales a vivienda más otros 500 que están en tramitación. En un alarde de lucha contra el problema de los pisos turísticos, se han aprobado medidas que no permitirán que estos alojamientos en determinadas zonas del centro de Madrid se ubiquen en portales o edificios comunitarios, sino que será necesario que tengan acceso independiente. ¿Qué vivienda tiene acceso independiente? Por regla general, los locales.

Y así es como Madrid se queda sin pequeños comercio en un momento en el que el alquiler turístico parece el negocio del siglo, mientras que mantener una pequeña tienda puede convertirse en la peor de tus pesadillas. Parece sencillo: si hay más locales convertidos hay más vivienda. El problema llega cuando entran los pisos turísticos en la ecuación. Si los locales se convierten en ‘airbnbs’, su precio sube como la espuma. Y ahora tenemos que pagar un piso por las nubes o un local que apunta a costar lo mismo, en Madrid, la ciudad que acoge a todo el mundo, menos – hablando con conocimiento de causa – a los que tratan de vivir aquí mientras estudian, trabajan y llevan solo dos años aumentando su cartilla de ahorros.

Precios por las nubes, pisos para turistas y para quien pueda pagarlos ¿Y los madrileños? Los madrileños, mientras, tendremos que vivir donde podamos – que no donde queramos -, en locales caros o en pisos con precios disparados.


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