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Todos los candidatos coinciden, con total razón, que las de este domingo son una elecciones trascendentales. Y lo son. El bipartidismo ya no existe, y a pesar de lo que diga el CIS los resultados están en las urnas y todo, todo, se decidirá el domingo. Nunca antes se había llegado a los colegios electorales con tantas incógnitas y tantas certezas.

Ha sido una campaña en los pactos postelectorales han eclipsado a las propuestas. En la que los detalles de dos debates a modo de semifinal de Champions han apartado casi por completo la exhibición de los programas. Una campaña en la que se sabrá el verdadero poder de las redes sociales y de los mítines. A priori, en estos dos terrenos VOX ha arrasado.

Otro escenario, que no se ha advertido en campaña, es la posibilidad, más que probable, de que las elecciones generales tengan que repetirse. No es un escenario desconocido. Y es un escenario en el que Ciudadanos sería el protagonista. Nada -o casi- es blanco o negro ni antes, ni durante ni después de las elecciones.

Esta campaña nos ha mostrado un Pablo Iglesias constitucionalista sereno. Debe serlo si aspira a ser ministro. Un Pablo Casado presidenciable que ha ido de menos a mucho más. Un Albert Rivera ayudado por Inés Arrimadas. Un Santiago Abascal en éxtasis colectivo. Y un Pedro Sánchez que, al contrario que Pablo Casado ha ido de más a menos, pero menos de lo esperado por muchos.

El célebre “programa, programa, programa” de Julio Anguita ha tornado en “pactos, pactos, pactos”. Y dentro de un mes municipales y autonómicas.   


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