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El PP de Madrid es como un boxeador sonado que ni siquiera se da cuenta de que el combate ha terminado. El PP sigue golpeando la sombra. Su propia sombra. Intentando alcanzarla con un gancho de izquierda… Aún no entiende que haya gente de derecha que no le haya votado…

El PP no analiza nada. Huye hacia la entelequia. Yo era. Yo fui. Yo he sido mayoría absoluta en Madrid. Soy mayoría absoluta. Y no solo no analizan las causas de esta tremenda derrota sino que insultan a los que no les han votado.

El PP de Madrid no se para a analizar que este fracaso es la consecuencia del propio PP que, desde hace años, no cubre las necesidades de muchos de sus ya ex votantes, que ahora tienen dos marcas más a comprar. Traición. Solo grita traición. Se equivoca.

Se equivoca tanto que, en lugar de exigir responsabilidades de sus tremendos errores (por ejemplo de selección de candidatos), empieza justificándolo todo: Pablo Casado es un gran candidato y no se le puede traicionar.

No quiere darse cuenta de que no se le ha traicionado. Pablo será un gran candidato pero ha cosechado la mayor derrota de la historia del PP. Y eso debería haberlo previsto.

Casado no valoró el destrozo que Mariano Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría y Dolores de Cospedal hicieron al partido. Y ahora tiene que pagar su factura.

Y lo peor de todo es que, como ahora está sonado, no es capaz de asumirlo.

Como partido empieza a ser un juguete roto.

Se espera que reaccione.