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Aún nos dura la resaca post electoral del pasado domingo y ya empezamos a coger carrerilla otra vez para volver, en menos de un mes, a las urnas. Porque, aunque la campaña y todo lo que han arrastrado las elecciones generales nos ha dejado el cuerpo como si hubiéramos corrido una maratón, lo cierto es que hay sacar fuerzas de flaqueza para llegar en plena forma el 26 de mayo, fecha en la que los madrileños nos jugamos mucho.

Ese día, elegiremos a nuestros representantes en los diferentes consistorios de la región, en la Comunidad de Madrid y, que a nadie se le olvide, en el Parlamento Europeo. Será un día, igual que el último domingo de abril, de fiesta, nervios y, sobre todo, de resolución de muchas incógnitas que nos quedan pendientes tras el triunfo de Sánchez y la bajada a los infiernos del Partido Popular.

Por primera vez en 24 años, el PP podría perder el gobierno de la Comunidad, y el miedo a que eso suceda es real en Génova. Su duda ya no es si serán la fuerza más votada, algo que dan por hecho no sucederá, lo que temen es quedar relegados a tercera fuerza política superados por Ciudadanos, partido que ya ejerce de manera oficiosa como punta de lanza del centro-derecha en España. Y ellos supondría que no tendrían opciones de encabezar un gobierno.

Lo cierto es que en las generales hubo más papeletas naranjas que azules en Madrid, síntoma de que no ha gustado en muchos votantes la escora a la derecha de los populares. Es ahí precisamente donde aparece VOX, que presentarán a dos de sus caras más conocidas, Rocío Monasterio y Ortega Smith, como cabezas de lista para Comunidad y Ayuntamiento respectivamente. La apuesta de la formación de Abascal es muy fuerte, confiando en su importante caladero de votos en la región y en el sueño del sorpasso a la gaviota.

En este sentido, se resolverá también la incógnita de si el votante de centro-derecha volverá a experimentar con gaseosa y fragmentará su voto tanto como lo hizo en las generales. Es muy probable que, viendo el fracaso de tener que elegir entre tres opciones, el espectro se reduzca a corto o medio plazo a dos, siendo Partido Popular y VOX los que más riesgo tienen de colisionar por la mayor (que no igual) similitud de sus propuestas. No sabemos si los comicios de mayo servirán para despejar esta incógnita, pero seguro nos darán un indicador más de lo que puede ser el futuro de la derecha en los próximos años.

Luego llega la izquierda, con todas sus izquierdas. El PSOE viene de arrasar en las generales y, aunque haya pasado casi inadvertido, de ampliar su ventaja en un feudo tradicionalmente conservador como es la Comunidad Valenciana. En las elecciones autonómicas y municipales estarán menos favorecidos por la Ley D’Hont pero aun así son los favoritos (como si de la Champions League se tratara) para volver a ganar allí donde se presenten. La Comunidad de Madrid no debería ser una excepción, si bien es más complicado que puedan gobernar debido al presumible hundimiento de Podemos.

El único lugar sobre el que no hay predicciones posibles es el Ayuntamiento. Aquí no importan los sondeos ni los resultados previos, no tendría sentido cuando no se puede analizar en clave de partido, sino en clave de candidatos. Carmena sería la principal favorita para ser reelegida alcaldesa, pero no debemos olvidarnos de la irrupción de Íñigo Errejón o del carisma de Begoña Villacís, unido al repunte de popularidad de su partido. No sería descabellado pensar en un gran resultado de Ortega Smith, héroe para muchos con su papel de acusación en el juicio al procés. Y por supuesto tampoco lo sería que los madrileños decidieran confiar en Pepu Hernández, el mismo que nos hizo campeones del mundo de baloncesto y que concurrirá por el PSOE en la capital del Estado.

Son, como vemos, muchos los enigmas en clave electoral que se atisban. Pero que se resolverán en muy poco tiempo. No he hablado de pactos, pero no tendría sentido, ya que nadie se va casar con nadie hasta que no estén todas las cartas sobre la mesa y sería especular. Lo que sí está claro es que las elecciones del día 26, más allá de la importancia que tendrán en nuestro día a día, determinarán de manera fundamental el desarrollo de todos los partidos. Hasta el punto de poder significar el fin tal y como lo conocemos de alguno de ellos. El último domingo de mayo nos jugaremos nuestro futuro político de la próxima década.


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