CREAA
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Hubo una época, no muy lejana (y que por lo que pudiera venir convendría no olvidar), en la que todas las localidades, ya fueran grandes, medianas o diminutas, competían por ver cuál era la que llevaba a cabo la obra pública más grande. Una que fuera capaz por sí sola de poner en el mapa a una ciudad dormitorio o a un pueblo perdido en mitad de la nada. Ejemplos hay muchos a lo largo y ancho del territorio patrio, desde el proyecto de pista de esquí seco en la pedanía vallisoletana (de menos de 100 habitantes) de Villavieja del Cerro hasta el “puente a ningún sitio” (aunque con un coste de más de 73 millones de euros) de Talavera de la Reina. Obviamente, la Comunidad de Madrid también tiene varias muestras de estas obras faraónicas que se quedaron en un amasijo de hormigón y sueños rotos, arruinando de paso las arcas del ayuntamiento al que le cayera un alcalde con sueños de grandeza en suerte.

Uno de los casos más paradigmáticos es el de Alcorcón. A mediados de 2007, esta ciudad sureña se ponía en el foco de todos los medios nacionales e internacionales el día en el que su alcalde, el socialista Enrique Cascallana, anunciaba la construcción de un complejo dedicado a la cultura y las artes escénicas, destinado a convertirse en referencia mundial en este sentido. Nacía así el Centro Regional de las Artes de Alcorcón, el CREAA. Este, a lo largo de una superficie de 66.000 metros cuadrados, contaría con un total de nueve edificios que incluirían, entre otras instalaciones, un circo, una escuela de circo y una cuadra para animales. El padre del regidor había desempeñado la profesión de payaso, y quizá por ahí se puede entender un poco más la idea de Cascallana de poner en marcha un Disneyland circense.

Sin embargo, las cosas empezaron a ir mal desde el principio. El primer paso no fue levantar el auditorio para 1.500 personas que también estaba previsto, sino la tala de 300 árboles y el derribo de la biblioteca Joaquín Vilumbrales, construida sólo diez años antes. Entre los motivos que se argumentaron para echarla abajo era que los aparatos de aire acondicionado de su tejado “ensuciarían” la vista desde el CREAA. Estamos hablando del año 2008, el cual, para quien no lo recuerde (creemos que seréis la minoría) marcó el pistoletazo de salida de la devastadora crisis financiera que asoló todo el mundo.

En esas circunstancias económicas se estaba llevando a cabo esta colosal empresa, que suponía un gasto inasumible para el consistorio y que, en mayo de 2011 (fecha prevista para el final de las obras, ya que coincidía con elecciones municipales) apenas llevaba completado el 60% del total. Pero sí que se gastó dinero en esa etapa, y mucho. Hasta ese momento ya se había pasado por una rescisión del contrato de construcción con la empresa asignada (que provocó la paralización de las obras y la obligación de pagar una indemnización de 3.5 millones de euros) y por una demanda por impagos.

Llegaron las elecciones y Cascallana perdió la alcaldía. La primera medida del nuevo alcalde, el popular David Pérez, fue detener las obras, rescindiendo de nuevo el contrato con las empresas encargadas de la construcción. Una segunda indemnización, en este caso de cinco millones de euros. Ocho años han pasado desde entonces, y la situación del CREAA está estancada: ninguna de las ofertas para ocupar el espacio ha satisfecho a los diferentes equipos de gobierno alcorconeros, dejando en letargo este monstruo de metal y cristal.

En mayo de este año se volvieron a celebrar elecciones municipales y la candidata vencedora, la socialista Natalia de Andrés, comunicó que la recuperación del CREAA sería una de sus prioridades, afirmando que se están estudiando varias ofertas. La que más cerca estuvo de hacerse realidad fue la propuesta en julio de 2018 por la Fundación Universitaria San Antonio (UCAM), que buscaba la implantación de una Universidad del Deporte, como Campus Universitario de la UCAM. Pero fue rechazada. Si nos atenemos a las intenciones del nuevo equipo municipal, su futuro podría estar en su asociación a alguna universidad pública, pero también hay que tener en cuenta que se estima son necesarios otros 40 millones de euros para que el CREAA esté plenamente operativo. Así que es posible que nos queden, al menos, otros ocho años para que las máquinas se pongan en marcha de nuevo.


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