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El  Pardo. Cementerio de Mingorrubio. Es el destino en el que descansarán los restos de Francisco Franco tras exhumarlos del Valle de los Caídos. Uno de los camposantos municipales más pequeños de Madrid, circunscrito al municipio de la capital y apenas visitado, según cuentan sus propios trabajadores. Allí, muy cercano a la entrada, se sitúa el panteón de la familia Franco. Un gran panteón de granito con techado de pizarra que se asemeja a cualquier ermita de cualquier pueblo de cualquier municipio de nuestro país. Coronado por una campana y con una reja ornamental que cubre toda la puerta, el panteón guarda los restos de la que fuera esposa de Franco, Carmen Polo.

La gestión del cementerio corresponde al Ayuntamiento de Madrid si bien es Patrimonio Nacional quien se responsabiliza del mantenimiento de esta morada eterna de los Franco. Es sencillo en su decoración, cuenta con una docena de bancos y un Cristo al frente que recuerda el origen de los panteones allá por la mitad del siglo XIX, lugares para el rezo y la realización de misas de recuerdo a los difuntos. Abajo, en la cripta, más cercanos a la tierra, los lugares de enterramiento propiamente dichos. El descanso eterno. La inscripción “Soy el Alfa y el Omega” recuerda a los mortales el principio y el final de todo, primera y última letra del alfabeto griego, para los cristianos alusión directa a Dios.

Los ‘vecinos’ de Franco

En este lugar, además de por su esposa, Franco estaría acompañado por algunos líderes afines a su ideología. Los ex presidentes Luis Carrero Blanco y Carlos Arias Navarro tienen sus sepulturas en este camposanto, sepulturas de suelo sencillas en las que únicamente las inscripciones recuerdan a dos de las figuras más importantes del franquismo. La sencillez se convierte en ostentación en el caso de otro de los posibles vecinos del dictador. Rafael Leónidas Trujillo Molina, dictador de la República Dominicana entre 1930 y 1961. Trujillo descansa en un panteón de mármol negro con dos grandes columnas en su entrada y una puerta con rejería ornamental. Uno de los personajes más siniestros de República Dominicana al que Mario Vargas Llosa dio novela en “La Fiesta del Chivo” y cuya sanguinaria imagen describe al detalle.

Mingorrubio cumple con los requisitos -según el Gobierno- para que la inhumación de Franco no trascienda en conflicto público: es un cementerio alejado del núcleo urbano lo que alejaría la posibilidad de convertir el centro de la ciudad en lugar de peregrinaje para seguidores o enemigos, y en él hay ya enterrados personajes cercanos a la ideología franquista (también hay perfiles muy diferentes como Francisco Tomás y Valiente asesinado por ETA en 1996) lo que evitaría posibles enfrentamientos ideológicos con las familias de quienes descansan en el cementerio.

¿Y La Almudena?

La otra posibilidad que maneja la familia Franco, descartada por el Tribunal Supremo, es llevar los restos del dictador a la sepultura adquirida por la hija del dictador, Carmen Franco, en la cripta de la Catedral de la Almudena, en pleno centro de Madrid. Construida debajo de la catedral de la ciudad, la cripta alberga los restos de alrededor de 1500 personas, entre ellas Carmen Franco, hija del dictador. Adquirió a finales de los años 80 una sepultura a perpetuidad en este lugar y la familia apuesta por el traslado hasta aquí de los restos del que fuera jefe de Estado de nuestro país. El Gobierno advierte del peligro que conllevaría esta inhumación al tratarse de un lugar céntrico que podría convertirse en centro de peregrinaje tanto de los seguidores como de los detractores de Franco, con el consiguiente problema de seguridad que ello podría acarrear.


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