Cuidar a los maestros

Tiempo de lectura: 2 minutos


En el Día Internacional del Maestro, que se celebra cada 27 de noviembre, me gustaría dedicar estas líneas a todos aquellos docentes que formaron parte de la historia personal de tantos alumnos y que sembraron en nosotros la semilla del entusiasmo, la curiosidad y el aprendizaje. Su tesón y su paciencia inagotables nos motivaron día tras día para superar los obstáculos cotidianos y desarrollar todo el potencial que teníamos dentro.

El editor y escritor estadounidense Arnold Glasow (1905-1998) decía que uno de los principales objetivos de la educación debe ser ampliar las ventanas a través de las cuales vemos el mundo. Pues bien, la misión de quienes gobiernan en esta abrumadora Sociedad de la Información no puede ser otra que dar a los docentes las mejores herramientas para enseñar a sus alumnos a discernir y a tomar decisiones libremente. Ahí es donde radica la auténtica libertad individual para formarse, crecer y alcanzar las metas que cada uno quiera ponerse.

La educación, tal y como la entendemos desde Ciudadanos, ya no es solo aprender materias y acumular conocimientos en pro del enriquecimiento personal. La educación del siglo XXI debe incluir el desarrollo de habilidades como el pensamiento crítico, el trabajo en grupo, la comprensión de la diversidad, el aprendizaje interdisciplinar, el fomento de la igualdad real y la adaptación ante la aparición de nuevos retos.

Solo la capacidad aclimatarse a un entorno que cambia cada vez más rápido permitirá a los estudiantes abrir esas metafóricas ventanas, vislumbrar más allá de ellos mismos y de su pequeño reducto familiar y social y ser dueños de su propia existencia. Solo el dominio de estas capacidades les dará la posibilidad de decidir sus objetivos y de alcanzarlos, ya sea a nivel personal o profesional.

Educar es acompañar en el largo y a veces complicado proceso de crecimiento y desarrollo humano. Y en esa ardua travesía, la comprensión y el aliento constante de unos maestros reconocidos, el fortalecimiento de un sistema que les dé impulso, aportarán a las nuevas generaciones convicción y certeza para ser lo que quieran ser, sin dejar a nadie atrás.

En ese largo recorrido, somos deudores de todos aquellos docentes que estuvieron ahí por y para nosotros, de los que nos retaron para desafiar nuestros propios límites, de los que nos ayudaron a aprehender y potenciar nuestras capacidades e impidieron que cayésemos en la autocomplacencia.

Por todo ello, por acompañarnos siempre, por ser capaces de asumir los retos que el presente y el futuro nos ponen por delante a la hora de formar a las chicas y chicos de hoy, solamente me resta decir: ¡Gracias, queridos maestros!