La independencia del Sur

"La descentralización acerca las decisiones a las personas, mientras que el centralismo olvida las necesidades concretas para atender intereses en bruto, sin matices, generando no pocas veces malestares innecesarios".

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Escribo un artículo sobre federalismo, cantonalismo y unidad de España. Un amigo me manda el enlace a una noticia. Abro el enlace y me encuentro con un titular que viene a decir,

El alcalde de León pide la independencia.

Busco más referencias y los titulares de las noticias que encuentro son de traca, dependiendo de la línea editorial del medio. Hay de todo, desde un ¡Madre mía cómo está el PSOE!, hasta, El PSOE exige un referéndum para la independencia de León, pasando por un titular más ajustado a la realidad, El alcalde de León reclama una Comunidad Autónoma propia.

En la imagen, José Antonio Díez, Alcalde de León.

Parece ser que el susodicho alcalde quiere emparentar con esa suerte de nacionalismo leonés que siempre ha anidado en la provincia y que ahora, bien trabado con la ola de la España vaciada, debe considerar que le va a reportar notables réditos electorales. Es verdad que no quiere la independencia de España, sino una Comunidad Autónoma separada de la actual Castilla y León.

El alcalde sabe que el extinto reino de León era mucho más que la provincia en cuestión y por eso cree que debe unir fuerzas con Salamanca y Zamora. Ya he leído el titular de opinión de una salmantina indignada que se declara charra y española. Con el alcalde de Valladolid no cuenta porque está encantado con la capitalidad de facto. Y el condado de Castilla le pilla lejos, tierra de por medio. La siguiente bronca, si el leonés se saliera con la suya, sería dónde ponemos la capital. En León, claro. ¿O en Salamanca?

Además, como todo en la vida, es muy cuestionable fijar las fronteras del antiguo reino en esas tres provincias, porque a lo largo de los tiempos ese reino fue también el de Asturias, Galicia, o todo el condado de Castilla, incluida Cantabria y hasta parte del hoy territorio vasco. En fin, que remitirse a la historia depende mucho de por dónde iban las fronteras cuándo estableces la fecha de corte. Pero las ambiciones políticas es lo que tienen.

Tengo claro que, dentro de los márgenes de la Constitución, se puede plantear cualquier fórmula de organización territorial y diferentes grados de autonomía. Hay mecanismos para hacerlo. Vaya por delante también que hasta se puede cambiar la Constitución para dar cabida en ella a realidades competenciales o territoriales nuevas. De hecho ya se ha cambiado unas cuantas veces para adaptarla a decisiones de la Unión Europea.

Quede claro también que creo que el deseo de autogobierno cercano me parece que es una aspiración de cualquier alcalde, de cualquier barrio y hasta de cualquier comunidad de vecinos. Hasta cada persona quiere tener en sus manos las decisiones importantes que le afectan directamente a él y a los suyos.

La descentralización acerca las decisiones a las personas, mientras que el centralismo olvida las necesidades concretas para atender intereses en bruto, sin matices, generando no pocas veces malestares innecesarios. No es cuestión de España, es un planteamiento general en cualquier lugar del mundo.

Pero una cosa es eso y otra el cantonalismo absurdo que se desencadena cada vez que nos ponemos a intentar ordenar lo mejor posible nuestra convivencia. Ya lo decía en mi artículo. Una cosa es el federalismo y otra el cantonalismo.

Pero bueno, si esto va de cantonalismo, no creo que lo mejor sea tirar de la historia, siempre manipulable según quien la cuenta y la escribe. Puestos a ello, prefiero fronteras más actuales, como la de las rentas. Me plantearía, pongamos por caso, la independencia de los distritos del Sur de Madrid, para que puedan gobernar su futuro, sin seguir siendo maltratados.

Habrá quien diga que es un despropósito (y lo es, ni yo mismo lo dudo), pero no mayor que el del leonés. La comunidad autónoma que propone contaría con menos de un millón de habitantes, mientras que la suma de los distritos del Sur de Madrid como Vallecas, Carabanchel, Vicálvaro, Latina, Villaverde, San Blas, cuentan con casi millón y medio y concentrados en un pequeño espacio.

Y eso sin contar con que a esta Federación podrían unirse barrios de Tetuán, o pueblos del Sur de Madrid, como Leganés, Fuenlabrada, Getafe, o Parla, Arganda, o Móstoles, que pueden sentirse legítimamente maltratados por el centralismo de inversiones decretado por los más ricos. En ese caso nos vamos ya a varios millones de habitantes, sin nación histórica, sin pendón ni bandera, pero unidos por la patria de las rentas, o de la falta de ellas.

Es lo que tiene abrir el melón sin orden, concierto, ni cabeza.  Sin voluntad de acuerdo, sin sentido común y sometido todo al populismo electoralista más cutre. Que te crecen Torras por todas partes. Vaya, como setas, cuando sale el sol tras la lluvia otoñal.