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Ahora sí. Tras despedirnos de los Reyes Magos, damos carpetazo de manera oficial a estas navidades que han traído consigo un cambio de década. Nos metemos de lleno en los años 20 de nuestro tiempo y, en apenas siete días, ya nos ha quedado claro que traen curvas. No ha habido que esperar demasiado para ser conscientes de que el mundo no sólo no nos da un respiro, sino que cada vez gira con más fuerza.

La sociedad española está polarizada, pase lo que pase en la segunda sesión de investidura. Este artículo podría caducar hoy mismo, cuando sepamos si Pedro Sánchez ha logrado apuntalar su pírrica victoria o si habrá un “tamayazo” a nivel nacional. Sin embargo, el país que nos quedará haya o no nuevas elecciones es el de una quiebra que a día de hoy parece imposible de volver coser. Demasiados antagonismos y muchas ganas de no perder posiciones. Con el auge de los extremos, las opciones moderadas parecen diluirse y el “yo más”, acentuado por las redes sociales, aglutina las preferencias de nuestros representantes públicos. Los mismos que hace tiempo dejaron de preocuparse por la gente, por muchos besos que den durante las campañas.

También nos ha saludado este nuevo año con el enésimo foco de tensiones en Oriente Medio, esta vez con un posible enfrentamiento directo entre EE.UU. e Irán. Una guerra que de momento sólo se libra a través de Internet, con cruces de tweets amenazadores entre Donald Trump y todo el aparato propagandístico del país asiático. Quizá (ojalá) no llegue a dispararse ni una bala, pero las advertencias de destrucción mutua se suceden a diario. A nadie, literalmente, le interesa un conflicto a gran escala en la región. La razón aconsejaría parar un segundo, ver lo mucho que hay que perder y lo poco que ganar e intentar buscar soluciones que no pasaran por el derramamiento de sangre. El problema es que la cordura parece brillar por su ausencia en ambos lados.

Pero, ante todo y sobre todo, la retirada de las luces de Navidad de las calles nos devuelve a la rutina. A la de madrugar, hacer algo de dieta y pensar de fin de semana en fin de semana. Veremos si podemos darnos algún capricho en las rebajas, cómo evoluciona Madrid 360 y si todo nos va, al menos, como en 2019. Intentaremos cumplir los propósitos que nos hemos puesto y disfrutar de una ciudad que, con un poco de suerte, verá nacer por fin el proyecto de Madrid Nuevo Norte.

Este decenio se presenta, como todos, apasionante y lleno de desafíos en todos los sentidos. No importa que pensemos a nivel local o global, cualquier reto futuro nos afectará y de nosotros depende que sea positivo. Así que fuera pereza, adiós a las vacaciones, y a comerse 2020.