/ 13 abril 2021

Yo soy más paleto

Yo soy más paleto

«Muchos políticos se han dedicado a hacer el paleto, a crear identidades donde no las había y a hablar de ser más leoneses, más navarros y más catalanes». Esta frase de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en la jornada de ayer, exacerbó los ánimos y el alma patriótica de los ciudadanos y sobre todo políticos de las regiones aludidas (amén de otras muchas), que contraatacaron aludiendo a las bondades y ancestros de sus milenarias culturas.

Vaya por delante que tanto el término «paleto» como el tono adoptado por Ayuso me parecen del todo desacertados, pero esas palabras, y la encarnizada reacción que han provocado, esconden un problema muy arraigado en la historia de España, el cantonalismo, que nunca ha desaparecido y que afecta a comunidades cada vez más pequeñas.

Es evidente que el apego por la tierra no es nada malo, y cuando salimos de nuestros pueblos, yo el primero, decimos con orgullo que somos menorquines, oscenses o palentinos. Pero escudados en este sentimiento de pertenencia, muchos políticos están optando por envolverse en una bandera para tapar problemas de verdad (desempleo, falta de infraestructuras…), achacando todos los males de su parcela al vecino de al lado, con quien había convivido sin problemas hasta hace dos días.

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El sistema con el que se administra nuestro país puede ser más o menos acertado, pero dejó relativamente contento a todo el mundo cuando fue aprobado hace ya más de cuarenta años. Comunidades autónomas, provincias, comarcas… Son tantas las subdivisiones que casi hay que coger una calculadora para resolver esta ecuación. Aun así, de vez en cuando florecen movimientos que reivindican, como en este caso bien dijo Ayuso, el “yo soy más”.

Yo soy más leonés que tú porque me quiero separar de Castilla. Yo soy más catalán que tú porque quiero irme de España. Yo soy más navarro que tú porque prefiero formar una única comunidad autónoma con el País Vasco. No hay absolutamente ninguna diferencia entre los tres movimientos. Se trata, únicamente, de generar problemas donde no los hay. Porque nadie debe llevarse a engaño, todo esto tiene que ver con la identidad, no con la economía.

Surge entonces la eterna dicotomía: si soy “cazurro” y quiero crear un Reino de León, ¿con que autoridad puedo negar a un berciano que quiera crear una provincia con capital en Ponferrada? ¿O por qué me manifiesto en contra del procés, si yo estoy haciendo exactamente lo mismo, pero a menor escala?

Cada persona es muy libre de sentirse de donde le plazca, como si únicamente se identifica, como decía el anuncio, con la “república independiente de su casa”. Pero cuando inicias ese camino, se acaban las vías de escapatoria y es demasiado fácil caer en la xenofobia y el totalitarismo. En un mundo cada vez más globalizado, los nacionalismos, regionalismos y más “ismos” deben tender a convertirse en males a extirpar. Y no sé si es de paletos, pero sí que es, seguro, de inconscientes.

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