El ejemplo del transporte madrileño

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Dice la sabiduría popular que solo echas de menos algo cuando lo pierdes. Este es el caso de la libertad de movimiento de los madrileños, ‘confinada’ a causa de la pandemia del COVID-19. Sin embargo, a pesar de este encierro obligatorio, el sistema de transporte público de nuestra región ha seguido funcionando y ha señalado el camino por el que debemos seguir cuando todo acabe.

Metro ha sido capaz de adaptarse a la caída de la demanda modificando sus frecuencias sin que ello haya significado aglomeraciones o falta de servicio. Además, ha tomado medidas pioneras como la señalización de la distancia de seguridad entre pasajeros para facilitar el mantenimiento de la distancia social.

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Nuestros autobuses interurbanos y de la EMT, de última generación, continúan garantizando una accesibilidad del 100% y una comodidad de referencia a pesar de los reajustes motivados por el descenso de viajeros. Y no solo eso: las flotas se han puesto a disposición de las autoridades y de la UME para realizar todos los traslados necesarios, incluyendo los del personal sanitario que se ha entregado de forma extraordinaria para detener la pandemia.

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Foto: © Diego Radamés

Sin embargo, estamos convencidos de que podemos tener un transporte público aún mejor. Metro ha crecido junto a nuestra ciudad, ha llegado a los nuevos barrios y ha sido la herramienta definitiva para crear el Gran Madrid Sur con la unión de nuestros grandes municipios de la zona. Además, no deja de avanzar en busca de la accesibilidad universal.

La red de tren de Cercanías, en cambio, dependiente del Ministerio de Fomento, lleva más de una década paralizada y a la espera de las inversiones millonarias prometidas por sucesivos gobiernos. Es hora de activar de una vez las inversiones para garantizar un servicio digno, el fin de las aglomeraciones y de las averías que han convertido el sistema de Cercanías en una ratonera diaria para los madrileños.

De la misma forma, necesitamos que el ejecutivo de Sánchez agilice la construcción de los carriles Bus-VAO en el resto de las carreteras nacionales para que podamos conectarlos con los nuevos aparcamientos disuasorios que estamos construyendo desde el Gobierno regional. Así garantizaremos a todos los madrileños el mismo servicio que ya presta el carril de la A-6 o el futuro de la A-2, cuya ejecución ya está en marcha, y les proporcionaremos una alternativa de movilidad pública rápida, eficiente y sostenible.

Cuando la situación sanitaria lo permita, será el momento de acercarnos, en cualquier barrio de Madrid, a BiciMad, a un coche eléctrico/de bajas emisiones de carsharing o hasta la parada de Metro más próxima. Un Metro que, en muy poco tiempo, me dejará en un intercambiador de transporte donde un tren o, quizás, un autobús de última generación me llevará a la Sierra de Guadarrama.

Tenemos el mejor sistema de transporte público y, ahora que vamos despacio, queremos mejorarlo, pero necesitamos la lealtad del Gobierno central para ejecutar estos proyectos y otros como la variante de la A-1 o la mejora de las conexiones con la M-50. Queremos que sea el transporte de la esperanza, el transporte que nos hará recuperar la libertad de movimiento.

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