El fuego sin llama

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El pasado 14 de marzo se declaró en nuestro país, nuevamente el Estado de Alarma. Dos declaraciones, en nuestro periplo democrático, de este supuesto excepcional que recoge nuestra Carta Magna. En esta ocasión, fue declarado por el Gobierno de Pedro Sánchez, ante las consecuencias que estaba ya dejando, en la sociedad española, la crisis del Coronavirus. 

Estamos asistiendo, como colectivo, a una de las tragedias más desoladoras y desgarradoras que el ser humano puede vivir. Los efectos de esta pandemia esta llevando al limite a la humanidad, como ser racional individual y como colectividad. 

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Las cifras diarias sobre el numero de muertos, nos hacen descubrir la capacidad de sufrimiento que tenemos los individuos. Las imágenes de las morgues improvisadas, en espacios creados para derrochar vida, que acogen los cuerpos de aquellas personas que no han podido vencer a la muerte, nos sobrecogen como raza humana y como colectividad social.

Desgraciadamente, España es el líder mundial en el numero de fallecidos por habitante, un luctuoso titulo que ha puesto a nuestro país en las portadas de todos los noticiarios del mundo. 

Como dice, Pablo Casado, líder de la única alternativa de gobierno en nuestro país, ya habrá momento de pedir las responsabilidades tanto políticas como de otra índole, a aquellos que pudieron y no hicieron; aquellos que, aun siendo advertidos, no se dieron por enterados; aquellos que tenían y tienen la obligación de cuidar y proteger al pueblo español, y no lo han hecho.

Pero aquellos que, si han hecho y siguen haciendo, son esa legión de profesionales, que día a día, sin cobardía, dando la cara, a veces en condiciones muy difíciles, están defendiendo al pueblo frente a este virus asesino. Me refiero a todos los abnegados sanitarios, verdaderos arietes en la lucha titánica contra esta pandemia, y a todos los profesionales del mundo de la seguridad y la emergencia que prestan servicio para apoyar en esta lucha sin tegua.

Quiero aprovechar estas líneas para rendir un merecido tributo, a todas las personas que diariamente pelean por nosotros, desde una uci, una ambulancia, un coche de policía hasta un camión de bomberos. Todos estos profesionales anteponen hasta su vida, por salvar la nuestra. 

Esta máxima, de servicio al prójimo, es el carácter que marca a los diferentes bomberos y bomberas que sirven a todos los madrileños. Durante toda esta tragedia estamos viendo a estos guardianes de la vida, desarrollar todo tipo de labores que, aun siendo acciones enmarcadas en el mundo de la emergencia, no son las tradicionales de extinción y rescate. 

Todos estamos acostumbrados a verlos en labores de apagar fuegos tanto en viviendas como en nuestros bosques, como también a rescatar a personas atrapadas en vehículos accidentados; pero esta maldita pandemia nos esta mostrando imágenes de mujeres y hombres de los diversos cuerpos de bomberos de nuestra comunidad, manteniendo a raya al virus con sus desinfecciones en residencias, ayudando a las labores logísticas en el mayor hospital de campaña de la unión europea (Ifema) y levantando cadáveres en hogares de aquellas personas que no han podido sobrevivir. Labores todas ellas, que desarrollan con toda su profesionalidad y buen hacer, por muy duras que sean las tareas.

Es por ello, que políticas como la desarrollada por nuestra presidenta regional, Isabel Diaz Ayuso de aumentar de 19 a 27 el numero de parques de bomberos en nuestra comunidad y llegar hasta los 1.800 efectivos, es el mejor y único homenaje tangible que se puede hacer, por una responsable política, a todo este colectivo. Hay responsables políticos que homenajean con el lenguaje frente a otras que homenajean con inversiones en benéfico de un grupo profesional cuya máxima es proteger a la comunidad.

Estos históricos matafuegos, junto a nuestros ejemplares soldados y junto a los policías locales, nacionales y guardias civiles, siguiendo la estela del personal sanitario, se han convertido en la mejor referencia ética y profesional de un trabajo necesario, esforzado y valiente, que merece aplauso, y en el que todos debemos mirarnos para ser mejores también como sociedad.

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