Foto: © EFE
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Don Fernando Gurrea, subsecretario de Educación y Formación Profesional y uno de los artífices de la LOMLOE (Ley Celaá), dijo cuando estaba elaborando la LOE del gobierno del señor Zapatero, en noviembre del 2004, lo siguiente: “De ninguna manera puede decirse que el derecho de los padres a escoger una enseñanza religiosa, o a elegir centro educativo, podrían ser parte de la libertad de enseñanza. Estos hechos formarán parte del haz de derechos que puedan tener los padres en las condiciones legales que se determinen, pero nunca ser emanación de la libertad reconocida en el artículo 27 de la CE.”

A la vista de esas palabras de un dirigente de izquierdas al frente de la Educación, ¿cómo vamos a esperar que algún día los padres en España puedan disfrutar de una auténtica libertad en el mundo educativo? Y… ¿de calidad?

 Cuatro de las seis últimas leyes educativas son obra del PSOE.  ¿Qué educación de calidad podemos esperar? Con este dato objetivo, sus dirigentes no se consideran responsables del nefasto sistema educativo que tenemos en España, a pesar de todos los informes desfavorables que PISA ha elaborado sobre nuestra educación y sus resultados.

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No conforme con ello, está iniciando sus primeros pasos de trámites parlamentarios la LOMLOE, que no es más que un retoque de la LOE.

Es una ley anticonstitucional que atenta contra el artículo 27 de la Carta Magna cuando elimina la “demanda social” cuando hay que programar la creación de nuevos centros educativos. De esta forma, se prohíbe la construcción de colegios a la iniciativa social, por lo que se cercena los derechos de los padres para optar por el modelo educativo para sus hijos.

Una ley que pretende que en diez años desaparezca la Educación Especial, en contra de las familias usuarias de dicho modelo educativo.

Una ley que pretende dar títulos sin aprobar todas las asignaturas. La ministra Celaá declaró hace unos días: “Mandar a un estudiante a repetición es una decisión muy seria, que afecta al alumno y al sistema» y “la repetición debe ser excepcional y depender de la evolución de cada alumno”.

Es decir, quieren que no se formen personas. Quieren enseñarles que se pueden conseguir objetivos sin esfuerzo, trabajo y sacrificio como lo han venido haciendo las  generaciones de sus padres, abuelos, etc.

Una ley que arranca con más de 1.300 enmiendas y que ellos consideran que ha sido consensuada. ¿Consensuada? Se han olvidado de las familias, de los padres, principales responsables de la educación de sus hijos.

El estado actual de pandemia está demostrando la necesidad de mejorar la relación familia y escuela, muy deteriorada, principalmente por falta de confianza mutua. Confianza que hay que recuperar y restablecer.

Los padres –primeros y principales responsables de la educación de sus hijos- no pueden quedarse como meros observadores, delegando la tarea más importante que tienen en su vida en las instituciones de enseñanza.

Por eso, hoy más que nunca, se hace necesaria la participación de los padres en los centros educativos. Participación que tiene dos ámbitos singulares:

-Colaboración con el colegio en todo aquello que éste necesite de los padres para llevar a cabo su labor instructiva y educativa.

-Solidaridad y colaboración con los otros padres a través de distintas formas organizativas como las APAs, las escuelas de padres, las comisiones de trabajo, la programación y desarrollo de actividades, etc.

Se habla continuamente de la necesidad de un pacto nacional entre partidos políticos en materia educativa. El verdadero pacto para promover es el de la estrecha colaboración entre familias y profesores dejando, en segundo lugar, un segundo pacto entre los grupos políticos para cumplir el mandato constitucional: “Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”

Por eso, desde estas líneas, quiero lanzar un mensaje a las diferentes organizaciones de padres de alumnos para que, como los principales y fundamentales protagonistas del mundo educativo, no permitan que ningún gobierno anule sus derechos sobre la formación de sus hijos.

¡Tengan cuidado! ¡Qué viene la ley Celáa!

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