/ 27 julio 2021

Una nueva vida para el Mar de Ontígola

Una nueva vida para el Mar de Ontígola

Uno de los argumentos que esgrimen los “detractores” de Madrid es que, a pesar de tener una enorme riqueza cultural, de ocio, o gastronómica le falta ese mar con el que podría convertirse en una ciudad aún más atractiva. Y aunque es cierto que nunca hemos necesitado playa para sentirnos unos privilegiados en la capital, tampoco es falso que, en otras épocas más que ahora, los madrileños hemos fantaseado con una costa como la de Barcelona.

Es, sin duda algo imposible desde el punto orográfico, pero la geografía no ha sido impedimento para que a lo largo de los siglos hayan ido surgiendo los proyectos, más o menos descabellados, de dotar a Madrid de su propio litoral. Uno de ellos, quizá el más desconocido, es el Mar de Ontígola, que vuelve a estar de actualidad después de que la Comisión de Turismo y Cultura de la Asamblea de Madrid haya aprobado una proposición no de ley para instar a la Dirección General de Patrimonio del Estado a asumir la propiedad de la presa de este “mar”, ubicado en Aranjuez y con unos orígenes que datan del siglo XVI.

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Foto: Wikimedia Commons Ángel Serrano Sánchez de León

Hay que remontarse concretamente al año 1552, momento en el cual el aún príncipe Felipe II ordenaba la creación de «una laguna muy grande en el arroyo de Ontígola, y otros dos o tres pequeños en el de hacia Ciruelos, para que vengan a ellas aves para la altanería».

El propósito del futuro monarca era dotar de una fuente de riego a los jardines y huertos del cercano Real Sitio de Aranjuez, aunque, por supuesto, también tenía un fin lúdico. Así, tras su finalización en el año 1572, se convirtió en un lugar de destino para la nobleza de la época, donde se practicaba la navegación recreativa y se celebraban torneos, fiestas y diversos juegos.

Con el paso del tiempo se fueron añadiendo nuevas infraestructuras, como un cenador, un embarcadero, un puesto de tiro y una plaza de toros en las inmediaciones que se erigieron en el siglo XVII.

Fueron sus últimas décadas de ocupación humana, ya que, poco a poco, pasó de ser un centro de ocio para convertirse en la reserva biológica que es en la actualidad. De hecho, en el año 1994 este espacio fue declarado como Reserva Natural bajo el nombre de El Regajal – Mar de Ontígola, tratándose hoy en día de uno de los ecosistemas más importantes del sur de la Comunidad de Madrid, estando integrado en la Red Natura 2000, y siendo considerado como Zona de Especial Protección de Aves y Lugar de Interés Comunitario.

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Observatorio de aves del Mar de Ontigola. Foto: Wikimedia Commons

Pero, como era de suponer, esta historia no tiene precisamente (aún) un final feliz. El humedal está cada vez más degradado por los lodos que van colmatando el vaso de la presa y por la invasión del carrizo, una planta que prácticamente ha ocultado toda el agua.

Tampoco se encuentran en mejor estado los pocos elementos arquitectónicos que se conservan, ya que la presa, de estilo renacentista y considerada como un hito en la historia de la ingeniería hidráulica, también se encuentra en grave peligro por la inestabilidad de su estructura y su riesgo de colapso ante grandes avenidas de agua.

La reserva, en la frontera entre Madrid y Toledo, tiene una gran importancia a nivel entomológico, con una rica fauna propia de las zonas húmedas del centro peninsular y varias especies protegidas de mariposas, una de ellas endémica. Asimismo, y ganándose el nombre de “mar”, es uno de los pocos embalses con agua salada, debido a la naturaleza del suelo que lo rodean (yeso y margas).

El futuro del Mar de Ontígola

La proposición (que por su naturaleza no tiene carácter vinculante) ha sido presentada por el grupo parlamentario popular y ha contado con respaldo de todos los grupos de la cámara, que han mostrado su preocupación por el deterioro del conjunto.

Patrimonio del Estado cedió la titularidad del bien al Ayuntamiento de Aranjuez a petición de éste en 1996, aunque ya en 2013 el consistorio pidió la reversión tras verificar que ni el Mar de Ontígola ni el Mar Chico (un estanque decantador vinculado al Mar de Ontígola creado en 1734) habían sido utilizados para el riego de las zonas verdes municipales, tal y como se recogía en el documento de cesión.

Y el riesgo real es, ahora mismo, la posibilidad de colapso de la presa y su alto coste de su restauración, cifrado en 25 millones de euros en el año 2006.

Es pronto para saber hasta dónde llegará esta petición y si habrá alguna posibilidad de recuperar este lugar único, aunque quizá nos sirva como lección de todo lo que podemos perder si no lo cuidamos como es debido.

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