/ 18 octubre 2021

Truco y Trato

Truco y Trato

Cuando por el calor me empiezan a sobrar los zapatos, por las tardes me pongo las chanclas y me acerco Blue Beach a merendar unos Ramos Gin Fizz, así con mayúsculas. Refresca, amortigua el pensamiento y alimenta a partes iguales.

Es uno de esos garitos modernos con mobiliario de plástico blanco en la terraza. También tiene una zona con cama balinesa y arena en el suelo. Imagino que el rincón hará las delicias de los gatos del barrio, y por eso elijo siempre el lado opuesto en la terraza. El caso es que para mi sorpresa el Ramos no solo lo han incluido en la carta, sino que lo bordan y no es fácil. Así que es el sitio donde llego puntual a media tarde a zamparme un fizz detrás de otro hasta que salen los vencejos a atracarse de mosquitos, que es cuando por lo general me doy cuenta de que estoy mareado y me largo.

Allí pienso en mis cosas y escribo artículos como este. Formal y discreto. Hasta el tercer Nueva Orleans -que así también se llama- jamás molesto a nadie, he comprobado que el barman se sirve de huevos de gallinas ecológicas y escribo y bebo fuera de alcance de miradas infantiles para no ser mala influencia. Así que no creo que pueda haber nadie en contra de mi persona a causa de mi desempeño. Tanto es así, que lo asimilo a verdades absolutas como la Democracia, la Paz, el Perdón, el Bienestar, la Justicia… no se puede estar en contra a no ser que seas abiertamente malnacido o tengas graves problemas de integración social. No exagero, razonamientos así sostienen a nuestros políticos de turno sobre el fresco mármol de La Moncloa.

Calculo que les gusta tanto arrimarse a esos conceptos para que parezca que por sus venas no corre sangre, solo amor y responsabilidad. También sirven para conjurar las críticas: por favor, no se me opongan al Progreso, el Diálogo, la Reconciliación o el Mandato de las Urnas porque está muy feo y es de gentuza. Y ya de paso, estos conceptos tienen la ventaja de elevar la conversación y sobrevolar así los temas que viven pegados al suelo y al día a día, rebuscando en la basura para sobrevivir como un niño en el vertedero de La Guajira. Esos temas de la gestión son un engorro, un coñazo, y además manchan. Que se busquen la vida.

Si esta estrategia sirve para navegar en el Gobierno, mal se me tiene que dar a mi para que no me apuntale en la esquina de una terraza en la que, de cuando en cuando, la brisa recuerda levemente al orín de gato. Nada es capaz de arruinar un Ramos cuando está bien hecho.

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