/ 16 octubre 2021

El ‘Madrid vaciado’: Pueblos abandonados y al borde de la extinción

El ‘Madrid vaciado’: Pueblos abandonados y al borde de la extinción

El abandono de las zonas rurales en la región madrileña tiene su hito principal en el éxodo rural, un proceso lento cuyo origen se vislumbra en la Revolución Industrial, y que se ha venido produciendo durante todo el siglo XX, especialmente entre los años 50 y 60. La migración a las grandes ciudades, Madrid, y las denominadas urbes ‘dormitorio’ ha relegado a un segundo o tercer plano actividades como la agricultura o la ganadería, que eran el sustento y la razón de ser de muchos de estos pueblos madrileños.

En plena Tercera Revolución Industrial, la de la inteligencia, y en los albores de la cuarta, los pueblos abandonados se han convertido en un reclamo turístico que se mueve entre lo gótico y lo deportivo, la incontrolable afición por publicar experiencias en las redes sociales y los casi estériles intentos de repoblación. Lo rural, por momentos, es tendencia, pero una tendencia que ya ha echado raíces digitales suficientes como para que la ausencia de fibra sea un problema insalvable.

Estos pueblos y aldeas que se esparcen por parte de la geografía madrileña, (son menos que en otras provincias como La Rioja, Zaragoza, Burgos o Zamora), permiten al visitante retrotraerse al pasado y observar desde la distancia cómo era la vida hace 80 años.

El mal llamado pueblo abandonado de El Alamín

El Alamín es una pequeña villa abandonada muy cercana al municipio de Villa del Prado, que el marqués de Comillas mandó construir en el año 1957 para alojar a los empleados de su finca. Por esta razón, no podemos considerarlo como pueblo abandonado, nunca lo fue.

Su estado de conservación se encuentra en notable deterioro, en parte por el mal trato ocasionado por algunos de sus visitantes, que, si no cambia, permitiría la pérdida para nuestra región de un lugar para un turismo diferente, del recuerdo o del denominado ‘turismo dark’, que atrae a muchos visitantes a la zona y está plagado de leyendas e historias de fantasmas.

Una de esas leyendas que siguen presentes, narra la muerte de un rebaño completo y su pastor, que condujo al ganado hasta el monte y por la mañana aparecieron todos muertos en la misma finca en la que vivían, en El Alamín. El pánico se extendió por el poblado y habitantes huyeron. El lugar se ha hecho famoso como pueblo fantasma y aficionados a los fenómenos paranormales acudían cada fin de semana, antes de la pandemia, a recorrer sus tres calles llenas de tierra, su convento, su iglesia, la escuela, el bar, la casa de correos, y las, alrededor de 40 casas que siguen en pie.

Este pueblo abandonado cuenta con un centro de Ocio alternativo ubicado en Villa del Prado, que celebra diferentes eventos como Airsoft, eventos privados, Survival Zombie, entrenamientos tácticos, sesiones de fotografía u otros eventos especiales.

Fresno de Torote, el único pueblo privado de España

Fresno de Torote está considerado como el pueblo de la aristocracia castellana, fundado por el marqués de Santillana en el siglo XV.  Frecuentado en su momento por la nobleza, lleva 20 años congelado en el tiempo, entre las disputas de dueños y ayuntamiento. Don Juan de Borbón acudía a esta localidad dos o tres veces al año, ya que le pirraba la matanza que preparaba su buen amigo Jaime Álvarez de Asturias, conde de Torrepalma y marqués de Almenara.

El pueblo, ubicado al noreste de la Comunidad de Madrid, a un paso de Guadalajara, quedó congelado a finales del siglo XX y tuvo como sus últimos habitantes a Félix Martín Cañeque, empleado de confianza del conde de Torrepalma hasta que éste falleció en 1996, y a su familia. Ellos fueron los últimos en abandonar Fresno de Torote, cuando hasta la tienda de pan y la taberna de Angelines echaron el candado para siempre. Eran los nuevos tiempos, los del fin de la agricultura y el ‘boom’ del ladrillo.

Los herederos del marqués no le han dado una salida al pueblo y, a primera vista, cuando nos encontramos con él en la carretera M-113, nos dan la bienvenida la ermita, las casas, la plaza e incluso la parada del autobús, pero a poco que nos fijemos, todo es un espejismo. Aquí ya no vive nadie. Su último episodio ilustre se produjo en 2001, cuando en los trabajos de restauración de la iglesia, se halló un pequeño féretro de madera rodeado de sellos heráldicos y cubierto por cruces blancas. Era el féretro de Juan Hurtado de Mendoza, hijo del primer marqués de Santillana, confesor de Carlos V y personaje importante en la toma de Granada.

Navalquejigo, la aldea repoblada que sobrevive al mundo digital

Nalvalquejigo era hasta hace 25 años un pueblo fantasma, fue abandonada en 1989. Este enclave situado entre el Embalse de Valmayor, El Escorial y Collado Villalba, al que podemos acceder por la M-510 desde Galapagar o desde el Camino del Escorial de Collado, era un esqueleto de casas de piedra carcomido por el tiempo desde el éxodo rural de los años 50.

En los años ochenta, su iglesia románica del siglo XVIII, ya en ruinas, se convirtió en refugio improvisado para personas drogodependientes. Ahora, algunos de los 40 repobladores que han levantado de nuevo los escombros y habitan el lugar, mantienen la opinión de que fue gracias a ellos, que la iglesia se mantenga en pie. Postura contraria a los vecinos de las urbanizaciones cercanas.

Después de esa época, un grupo de personas mantiene habitable el pueblo, ha recuperado algunas casas, plantado huertas y, a pesar de tener la apariencia de comuna hippie, otros vecinos menos afortunados viven en caravanas y furgonetas a la espera de que alguna de las cabañas quede libre. Esta aldea, que parece un viaje al pasado, es el hogar de un variopinto grupo de personas entre los que hay trabajadores de circo, malabaristas, actores, músicos callejeros, técnicos de sonido y tatuadores, que planta alimentos de temporada para vivir, o más bien, sobrevivir.

Bellidas y la espadaña de Santo Domingo

En plena Sierra Norte de Madrid, cerca del Valle del Lozoya y aún más cerca de la hermosa localidad de Piñuécar-Gandullas, dos pueblos diferentes en realidad, nos encontramos con Bellidas, que hasta bien entrado el siglo XX estaba bajo la jurisdicción de Piñuécar.  Tras siglos de actividad agrícola y ganadera, sucumbió también al éxodo rural.

Fue abandonado en 1936, cuando su último habitante abandonó este emplazamiento dejando tras de sí, casas derruidas y algunos muros, que es lo que todavía podemos observar si lo visitamos. La vegetación se ha adueñado de sus edificaciones y presenta todos los elementos prototípicos del pueblo abandonado. Se ha convertido en un lugar romántico en el sentido más gótico de la palabra, un recuerdo de la vida de nuestros antepasados.

Si visitamos la iglesia de San Simón Apóstol, en Piñuécar, uno de los templos más bonitos de la sierra madrileña, podemos comenzar una ruta de senderismo bajo robles y fresnos, que nos lleva a una hermosa casa de piedra, al pueblo abandonado de Bellidas y de ahí, muy cerca de la A-1, hasta la espadaña de Santo Domingo, restos de una antigua iglesia, hogar ahora de cigüeñas.

La aldea «maldita» de Polvoranca

Los deteriorados restos de la iglesia de San Pedro Apóstol, del siglo VXII y un muro derruido, son los únicos vestigios de la aldea de Polvoranca, la semilla de esa ciudad que hoy llamamos Leganés. Llegó a tener 300 habitantes, que hoy se reducen a bandadas de aves comunes que anidan allí.

Sus primeros pobladores se remontan a la Edad del Hierro (VIII – V a.C), cuando se establecieron aquí por la abundancia de agua. Pero esa misma razón fue también su final, dados los constantes brotes infecciosos que se producían entre su población durante el siglo XIX, lo que ha convertido a este pueblo en un lugar «maldito».

El descubrimiento reiterado de cuerpos sin vida en las cercanías de la iglesia, no hizo más que acrecentar esta leyenda negra. En su crónica Un pueblo abandonado a dieciséis kilómetros de Madrid, publicada en ABC en 1957, el periodista Alfredo Semprún afirmaba: «Hace algunos años, al derrumbarse una pared medianera, se descubrieron los esqueletos, hoy enterrados en Leganés, de toda una familia marquesal, lo que se deduce, debido a las espuelas de oro y otros ornamentos que, junto a los restos de los varones, fueron hallados (…) En otro muro, frontal al anteriormente citado, se encontró el cadáver de una joven, el cual, embalsamado, conservaba en toda su pureza los bellos rasgos de damisela, hija sin duda de una de las familias señoriales de Polvoranca».

Una excavación arqueológica realizada en 1999 sacó a la luz vestigios de un crematorio funerario que albergaba restos de más de dos mil quinientos años de antigüedad. Y en 2005, el último hallazgo en esta aldea volvió a sacar más restos humanos.

La mitología madrileña, en boca de algunos vecinos, habla de cuevas bajo los restos del templo que esconden vasijas repletas de joyas y monedas de oro, enterradas por los habitantes de la cercana Fuenlabrada, durante la Guerra Civil.

Hoy, 266 años después de su construcción, el templo, del que se pueden visitar sus restos, no volverá a recuperar su esplendor. Ni la presión vecinal, ni las diversas iniciativas para reconstruirla, -una de ellas en los años 80, encabezada por el arquitecto José María Pérez Peridis, o la más reciente en 2005- han logrado alcanzar su propósito de rescatar este pedazo de historia de la región madrileña.

Pueblos madrileños que se acercan a la ‘España vacía’

El Gobierno de la Comunidad de Madrid está trabajando para evitar el riesgo de despoblación con una serie de medidas enmarcadas en la ‘Estrategia para Revitalizar los Municipios Rurales’, como la construcción de un nuevo hospital en la Sierra Norte que dará cobertura a 25.000 madrileños de 42 municipios.

Es en esa zona, al norte de la región, donde se encuentran principalmente los que corren el riesgo de quedar abandonados. No son muchos, y algunos están incrementando paulatinamente su número de habitantes, gracias a los problemas ocasionados por la superpoblación en las ciudades, especialmente la capital.

Entre los municipios con menos habitantes, encontramos dos que entre 2011 y 2020 han incrementado el número de vecinos empadronados. Son La Acebeda, que ha pasado de 62 a 68 en esos nueve años y La Hiruela, donde se han incrementado de 55 a 65.

Pero el resto de pueblos se acercan cada vez más a la España vacía. El Atazar ha perdido doce habitantes en el mismo período, para quedarse en 90; Horcajuelo de la Sierra se encuentra en una situación muy similar con 89; y Madarcos ya sólo tiene 49, después de perder 7 en los últimos nueve años.

Algo peor le ocurre a Puebla de la Sierra, que en el mismo periodo ha dicho adiós a 29 habitantes para quedarse en 73 y a La Serna del Monte que continúa escribiendo su historia con 31 habitantes menos. Por su parte, Robregordo, ha perdido 1 habitante en estos últimos años.

En este sentido, el paso del tiempo transcurre lento, y aún estamos lejos de ampliar esta lista de villas abandonadas, pero si las circunstancias continúan evolucionando en los mismos términos, la lista se ampliará más pronto que tarde.

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